Literatura


julio 17, 2012

Disculpe las tinieblas

Juan Salazar Rebolledo

Descubres que te sobran los motivos para correr al refrigerador, desenroscar la apretada tapa de las aceitunas y prepararte el Martini más compulsivo que alguien haya probado. Sin embargo, te quedas acostada, junto a mí, a terminar de escuchar la monotonía del último disco que compramos, una producción independiente, de la disquera del hermano de tu mejor amigo.

Las emociones que me produce escucharlo hacen que intermitentemente se me enchine la piel, pero no distingo cuándo es producida por los sonidos y cuándo por escuchar tu respiración al lado mío. Tú no pareces darte cuenta, y yo agradezco que sigas abonando a la placentera confusión.

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