Cuento


agosto 23, 2013

La bragueta y la cantina

Humberto Enoc Cavazos Arózqueta

  A Graciela Pérez, mi Titi, mi amor, mi inspiración.   No suplicó por su vida. Solamente hizo una insignificante solicitud antes de que lo acribillaran a balazos en el baño de La Gusana Cantora, cantina propiedad de don Fidelio Astorga Romero. Quizá una copa más o un par de tragos menos hubiesen evitado el […]

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junio 30, 2013

La gravedad de lo grave

Juan Salazar Rebolledo

Dicen que, sin importar si uno dedica horas de sol y de sombra al gimnasio o si pasa el mismo tiempo sentado en una banca alrededor del quiosco local devorando fritangas, una fuerza otorgada por el mismísimo universo habita dentro, que por más esfuerzo o explotación que se le aplique, resulta inagotable; o al menos […]

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octubre 20, 2012

Alma

 Imágen tomada de http://www.myspace.com/latrinalia Mi hermano pensaba que a los bebés se les compraba en la sección de pañales de los supermercados. Que el bebé que venía en la foto de la caja era el bebé que comprabas cuando te llevabas los pañales. Cuando yo iba a nacer, él quería escogerme hombre. Nunca enseñé el sexo en […]

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septiembre 20, 2012

El momento de las tortugas

Cada cierta cantidad de tiempo, los sucesos convencionales se reúnen a dar maromas, como evocando algún ritual ancestral, con la intención de convertirse, de pronto, en tortuga. Efectivamente, estimado lector, las tortugas no tienen orígenes marinos ni subterráneos, la ciencia ha estado conspirando en este alarde ocultista, asignándoles esa condescendiente categoría de reptiles de antaño, […]

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julio 17, 2012

Disculpe las tinieblas

Juan Salazar Rebolledo

Descubres que te sobran los motivos para correr al refrigerador, desenroscar la apretada tapa de las aceitunas y prepararte el Martini más compulsivo que alguien haya probado. Sin embargo, te quedas acostada, junto a mí, a terminar de escuchar la monotonía del último disco que compramos, una producción independiente, de la disquera del hermano de tu mejor amigo.

Las emociones que me produce escucharlo hacen que intermitentemente se me enchine la piel, pero no distingo cuándo es producida por los sonidos y cuándo por escuchar tu respiración al lado mío. Tú no pareces darte cuenta, y yo agradezco que sigas abonando a la placentera confusión.

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