marzo 7, 2013

Emiliano y sus Ovejas Negras

Emiliano Ruiz Parra

 

Conocí a Emiliano Ruiz Parra una noche de diciembre de 2010, en un restaurante muy pequeño en Londres; mi hermana organizó una cena para que mi madre y yo conociéramos a sus amigos y entre ellos se encontraba uno que era algo así como periodista. Hablé poco con él, dado que se sentó al otro extremo de la mesa, pero me agradó al menos saber que era el amigo chilango de mi hermana.

En ese entonces yo acababa de concluir el primer semestre de Ciencia Política en el ITAM. Ya era consciente del sentimiento tan ambivalente de entender en mayor medida que tu país se está cayendo a pedazos, pero a la vez pertenecer a una institución donde en una clase te quieren convencer de que México estaría mucho peor si los itamitas no lo hubieran salvado a tiempo.

Fue en ése primer semestre que tuve como maestro al Dr. José Barba, quien con sus  humanas y sabias lecciones dentro y fuera del aula, me convenció (sin saberlo él) de seguir en el ITAM; una institución que alberga a  un hombre de su calibre no podría ser del todo errada.

 

José Barba, Emiliano Ruiz Parra y Rodolfo Castellanos en la presentación de Ovejas Negras en el ITAM en febrero de 2013

 

Llegó el 2011 y con él la lucha de Javier Sicilia por la reivindicación de nuestros muertos. Al igual que muchos, seguí con asombro y esperanza al místico que abandonaba su cueva. Nunca olvidaré la marcha de aquél ocho de mayo rumbo al Zócalo, tanta rabia, tanto dolor, tanta comunión.

Me intrigaba, dolía y motivaba la odisea del poeta. Un día me enteré que Emiliano lo estaba siguiendo en su andar y al poco tiempo leí el perfil que publicó sobre Javier en Gatopardo (La voz de la tribu http://ow.ly/fbF0H ).

 

Pedro Pantoja

 

Desde entonces me dediqué a leer a Emiliano para abrir los ojos a una realidad que conocía de lejos. En sus líneas descubrí el holocausto que atraviesan los migrantes centroamericanos en su paso por nuestro calderónico infierno (72 migrantes  http://ow.ly/fbF3B ), la trágica historia de los obreros petroleros que perecieron por la negligencia de Pemex y sus socios transnacionales (Morir por Pemex  http://ow.ly/fbF5s ). Un México que no había visto en su trágica magnitud, pero que de la mano del cronista comprendí dolorosamente.

 

Raúl Vera

 

“A los jóvenes se nos ha mutilado la capacidad de soñar con un mundo radicalmente mejor y radicalmente distinto, en donde los hombres y las mujeres nos relacionemos como iguales, donde se hagan efectivas las promesas de justicia, ciudadanía, derechos humanos, dignidad y libertad.” Fueron las palabras que pronunció Emiliano la noche de la presentación de Ovejas Negras (http://ow.ly/fbF7v ); meses atrás me había compartido la misma idea pero enfocada a la clase política, en el sentido de que somos jóvenes que no tenemos la oportunidad de participar en un ambiente político digno, a la altura de los múltiples problemas que enfrenta nuestro desgarrado país.

No podría coincidir más con su diagnóstico. No considero que sea un error que los jóvenes decidamos incursionar en partidos políticos; lo que me parece lamentable es el hecho de que afiliarse y participar activamente en una corriente política en el México de hoy, es, en gran medida, sumarse a la desmemoria y falta de autocrítica de todos los partidos.

 

Alejandro Solalinde

 

Podría pensarse que todos los resquicios de rectitud y baluartes de esperanza que podrían sustentar nuestra fe en México se encuentran en el pasado, pero gracias a escritores como Emiliano sabemos que no es así.

“Ovejas negras, rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo XXI”, es un pozo en medio del desierto para aquellos que día a día necesitamos reafirmar que no todo está perdido en este país. Emiliano no sólo relata de  manera excepcional la vida y obra de disidentes de una Iglesia que no ha sido madre, sino también la responsabilidad de un Estado ausente y muchas veces cómplice de la deshumanización.

 

Manuel Marinero

 

Al adentrarnos en la vida de las ovejas negras que plasma Emiliano, no encontraremos un jardín de rosas; no se trata de un libro que pretenda alentar la esperanza a través de la dicha superflua, al contrario, cada una de las batallas descritas tiene grandes dosis de dolor, agonía, espera. No sólo conocemos a los protagonistas del libro, sino también a los objetos de su lucha, de su denuncia. Imposible entender a Samuel Ruíz sin la marginación de los indígenas, a José Barba sin la podredumbre de Marcial Maciel, a Pedro Pantoja y Alejandro Solalinde sin los migrantes y los Zetas, a Sergio Méndez Arceo sin la guerrilla, a Carlos Rodríguez sin los obreros, a Raúl Vera sin los mineros y homosexuales, a Manuel Marinero sin la mujer, a Javier Sicilia sin Felipe Calderón.

Al concluir de leer Ovejas Negras me invadió una terrible angustia de no saber qué será de México el día que los hombres que acababa de hacer tan míos ya no estén con nosotros. Entonces recordé a la oveja negra que tuvo el valor de reunir sus vidas en un libro para que personas como tú y yo, estimado lector, nos decidamos a ser más cosmos y menos caos, más pozos en medio del desierto.

 

De izquierda a derecha: Carlos Rodríguez, Jaime Ruiz de Santiago, María Consuelo Mejía, José Barba, Emiliano Ruiz Parra y Rodolfo Castellanos en la presentación de Ovejas Negras en el ITAM en febrero pasado.

Por Rodolfo Castellanos @rudotron

Estudiante de Ciencia Política en el ITAM.

Fotos de Natalia Bermudez @lanatbermudez

Estudiante en la Escuela Activa de Fotografía.

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