marzo 5, 2013

¡Adiós Comandante!

Después de semanas de incertidumbre se anunció, finalmente, la muerte del hombre que gobernó la república venezolana por más de trece años; el hombre que acabó con el sistema bipartidista tradicional e instauró en su lugar, uno que difícilmente cumplía con los elementos clásicos de la democracia occidental. Un hombre, además, que se lanzó en contra de lo que denominó el “imperialismo yanqui”, al que culpaba de todos los males que aquejaban al pueblo latinoamericano.

El comandante Chávez fue un líder controversial y fuente de múltiples dilemas. En Venezuela, causó la polarización de la población. Una gran parte lo apreciaba profundamente y le brindaba su apoyo incondicional; sin embargo, también fue objeto del desprecio y desagrado de una importante proporción del pueblo venezolano, que se oponía a los cambios profundos que había introducido en el país. De hecho, su gobierno ocasionó la salida de centenares de venezolanos, que encontraron refugio en otros países de Latinoamérica y, sobre todo, en Estados Unidos.

Por otro lado, causó fuertes antagonismos en América Latina, donde contó con el apoyo servil de múltiples gobiernos, pero también con el desprecio y la oposición de algunos de los grandes Estados de la región. Chávez no sólo llamó al expresidente mexicano, Vicente Fox, “cachorro del imperio”, sino que desafió la creciente influencia y preponderancia del gigante amazónico en la región. El comandante venezolano se propuso crear un sistema alternativo en América Latina, que orbitara en torno a la Venezuela “bolivariana” y acabara con la hegemonía yanqui y las pretensiones brasileñas. En este sentido,  se declaró líder de la región andina y ofreció apoyos importantes, económicos y políticos, a quienes respaldaran su proyecto. Prueba de ello fue el acuerdo que firmó con Evo Morales en 2007, por el cual, transfirió alrededor de 600 millones de dólares al gobierno boliviano, para financiar la exploración y explotación de hidrocarburos al norte de la Paz. De igual forma, después de que Nicaragua decidiera unirse a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), firmó un acuerdo petrolero con el presidente Ortega, por el cual otorgó más de dos mil millones de dólares –hasta 2007– al país centroamericano.

Es, además, imposible olvidar el apoyo político y, sobre todo, económico que otorgó a Cuba. Ayuda que ha sido indispensable para la supervivencia del régimen comunista en la isla, que después de la desaparición de la Unión Soviética en 1991, sufrió una terrible crisis económica. Chávez declaró a Cuba un elemento central en la alianza contra el imperialismo yanqui y buscó reintegrarla al sistema latinoamericano. Esfuerzos que en gran medida fueron exitosos, como demuestra la invitación que se le hizo a la isla para que se reincorpora a la organización regional de la que había sido expulsada 47 años atrás como resultado de su sistema político y sus vínculos con el bloque soviético. De hecho, Chávez celebró esta inédita resolución de la Organización de Estados Americanos (OEA), como un triunfo de la diplomacia bolivariana.

Un triunfo adicional de la política chavista y, sin duda uno trascendental, fue la entrada de Venezuela al Mercosur en 2006. Inicialmente, su candidatura desató acalorados debates al interior de la organización, sobre todo por la incertidumbre brasileña, que cuestionaba la prudencia de aceptar a un Estado tan conflictivo y desafiante. Su entrada, sin embargo, fue una prueba más del consenso que Hugo Chávez había logrado crear en Sudamérica y de la popularidad que sus políticas gozaban en muchos países de la región.

Por todo ello, podría decirse que el comandante venezolano se convirtió en un líder regional sumamente influyente; un jugador central en las relaciones latinoamericanas y, en gran medida, un soporte fundamental de muchos de los gobiernos de la región. Su muerte, por tanto, producirá inquietud y preocupación en el Continente americano, pues resulta aún incierto si el nuevo gobierno encabezado por Nicolás Maduro seguirá con el proyecto y las políticas implementadas por el comandante Chávez. Sólo el tiempo demostrará si el nuevo líder venezolano tiene la misma habilidad política y diplomática que su célebre antecesor, quien no sólo desafió la creciente preponderancia brasileña en la región, sino que logró un importante reacomodo de las fuerzas políticas latinoamericanas.

No queda más que decir que hoy muere un político espléndido, con una vivacidad y carisma que evoca la memoria de grandes líderes de antaño. Un hombre que ha dejado un legado claro e incuestionable en América Latina; un legado que, sin embargo, podría tambalearse y caer en su ausencia.

Carlos Alberto Rubio Pimienta

Estudiante de la licenciatura de Relaciones Internacionales en el Colegio de México.

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