enero 29, 2013

Las reformas de las que casi nadie habla

Uno de los rasgos que ha caracterizado el inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto ha sido el esfuerzo del ejecutivo para posicionarse como el principal impulsor de una agenda de reformas que han estado dentro de la discusión pública desde hace ya varios años. En materia económica el gobierno federal ha retomado el  discurso que ha predominado en varios círculos de discusión, según el cual la clave para detonar el crecimiento económico es realizar una serie de reformas en varios sectores clave de la economía. No solamente el ejecutivo federal compró dicho discurso, sino que también lo hicieron las principales fuerzas de oposición polítca, comprometiéndose en el “Pacto por México” a llevar a cabo las reformas “que México necesita”.

Es posible cuestionar la validez de dicho discurso, pues no queda claro como la reformas microeconómicas propuestas van a elevar la tasa de crecimiento de la economía mexicana de una forma sostenida. Sin embargo, en este artículo quiero resaltar otro punto, el hecho de que en la agenda de reformas suscritas por las principales fuerzas políticas del país, no hay ninguna que haga referencia a la forma de operar de la política económica (tanto de la política fiscal como de la política monetaria). Si bien es cierto que se plantea realizar una reforma fiscal, dicha reforma estaría enfocada a aumentar la recaudación con el fin de financiar otros proyectos como un sistema de salud universal y no está considerando modificar la política de “déficit cero” que ha seguido la política fiscal desde 2006 con la aprobación de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendariam (LFPRH). Pareciera que se asume que la política económica no tiene nada que ver con el decepcionante crecimiento económico reciente, cuando, como algunos economistas han señalado (Esquivel, 2010), no es así.

En México, tanto la política fiscal como la política monetaria se encuentran regidas por reglas que delimitan su accionar. En el caso de la política fiscal, la ya mencionada LFPRH obliga al ejecutivo federal a no programar un déficit presupuestal, salvo condiciones excepcionales. Es decir, al momento de elaborar el presupuesto de egresos, éste debe de coincidir exactamente con el monto que se espera sea recaudado o ingrese a las arcas del ejecutivo federal por la renta petrolera. Por otra parte, en el caso de la política monetaria, ésta se rige por la premisa de hacer cumplir el mandato constitucional de preservar la estabilidad del poder adquisitivo (artículo 28 de la CPEUM), para lo cual se opera siguiendo el esquema de objetivos de inflación. Dicho esquema puede ser entendido como el régimen de política monetaria en donde un banco central autónomo se compromete públicamente a alcanzar una determinada tasa de inflación en un periodo de tiempo dado, sometiendo su desempeño en alcanzar dicho objetivo inflacionario al escrutinio público.

Ahora, el problema con ambos mecanismos de reglas es que disminuyen de manera importante la capacidad del Estado de atenuar los efectos de un shock económico negativo sobre la economía mexicana (como ocurrió en 2008). Si bien la regla del “déficit cero” pareciera ser una regla positiva, en realidad hace que la política fiscal se vuelva procíclica. Esto sucede pues al ocurrir una disminución en la actividad económica, también se reduce el monto de impuestos recaudado por el gobierno, y en la presencia de la regla del déficit cero, esto obliga al gobierno a reducir sus gastos, ahondando con ello la caída de la actividad económica. Si además se prevé que la disminución en la actividad económica se prolongará, el gobierno estará obligado a programar un menor gasto en el futuro, alargando el periodo de recesión. Además, usualmente al recortar gasto público es mucho más sencillo aplazar e incluso eliminar proyectos de inversión en infraestructura que reducir salarios y otros gastos corrientes (el caso de Punta Colonet en 2008 es ilustrativo), con lo que también se merma la capacidad de crecimiento de largo plazo de la economía.

El que el mandato constitucional de Banco de México sea sólo mantener a raya a la inflación, también trae consigo problemas al momento de responder ante una caída en el producto. Puede ocurrir que, con el fin de mantener ancladas las expectativas de inflación, Banco de México decida elevar la tasa de interés de referencia en medio de una situación de deterioro de la actividad económica, con lo cual agravaría este deterioro vía el encarecimiento del crédito y la posible apreciación de la moneda como consecuencia de la entrada de capitales. Banxico estaría cumpliendo con su mandato constitucional, pero lo estaría haciendo a costa de ahondar una caída de la producción y por tanto del empleo. De igual forma, el mantener la tasa de interés de referencia muy por encima del valor de las tasas de interés de otros países, puede provocar una apreciación del peso, la cual merma la competitividad de las exportaciones y disminuye la rentabilidad del sector productor de bienes comercializables (que usualmente es de los de mayor productividad en una economía), llevando a una reducción en la inversión en las industrias de ese sector.

Como se puede apreciar, la actual forma de conducir la política económica en México puede tener consecuencias negativas sobre el crecimiento de la economía. Resulta extraño que de cara a lo sucedido en 2008, cuando estas consecuencias se manifestaron, el gobierno entrante no haya planteado realizarle modificaciones.

Existen alternativas que solucionarían los problemas arriba mencionados. Por ejemplo, podría adoptarse una regla de balance fiscal estructural con la cual el presupuesto público si bien no se equilibraría año con año, sí estaría en equilibrio a lo largo del ciclo económico. Este tipo de reglas obligan a que el gasto público esté en función de la recaudación cuando la economía se encuentra en su ocupación plena, por lo que cuando se está por encima de ella y hay riesgo inflacionario, la recaudación aumenta pero el gasto no. En cambio, cuando la economía se encuentre por debajo del pleno empleo, el gobierno mantiene el gasto consistente con el pleno empleo y lo financia a través de los recursos recaudados durante el auge (Ffrench-Davis, 2010; Pastor y Villagómez, 2007). En el caso de la política monetaria podría dársele a Banco de México el doble mandato de preservar el poder adquisitivo y mantener estable el producto, con lo cual las decisiones de política monetaria estarían obligadas a considerar sus efectos sobre la parte real de la economía.Estás y otras opciones de reforma a la política económica han sido señaladas en varias ocasiones por autores como Jaime Ros (Ros, 2011) y por los miembros del grupo Nuevo Curso de Desarrollo (Grupo Nuevo Curso de Desarrollo, 2012)

Las dos propuestas mencionadas no son para nada radicalesy sin embargo están ausentes de las propuestas de reforma del ejecutivo. La modificación de la conducción de la política económica ayudaría en el caso mexicano, a iniciar una aceleración del crecimiento económico. Sin embargo, parece que el nuevo gobierno federal no lo cree así y todo indica que en términos de política económica el supuesto ánimo reformista del nuevo gobierno simplemente no existe.

Luis Angel Monroy Gómez Franco. @MGF91
Estudiante de Economía en la Facultad de Economía de la UNAM.

Referencias:

Esquivel, Gerardo (2010a) “De la inestabilidad macroeconómica al estancamiento estabilizador. El papel del diseño y la conducción de la política económica” en Lustig, Nora (coord.) Crecimiento económico y equidad, México: Colegio de México, pp. 35-77

Ffrench-Davis, Ricardo (2010) “Latin America: The Structural Fiscal Balance Policy in Chile: A Move Toward Counter-Cyclical Macroeconomics” Journal of Globalization and Development¸ vol. 1, no. 1

Grupo Nuevo Curso de Desarrollo (2012) Lineamientos de política para el crecimiento sustentable y la protección social universal, México: UNAM.

Pastor, Jerónimo y Alejandro Villagómez (2007) “The structural Budget balance: apreliminary estimation for Mexico” Applied Economics vol. 39, no. 12, pp. 1599-1607

Ros, Jaime (2011) “Para salir del estancamiento” Nexos, no. 408

Villagómez, Alejandro y Luis Navarro (2010) “Política fiscal contracíclica en México durante la crisis reciente: Un análisis preliminar” Documento de Trabajo, no. 475, CIDE.

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