enero 25, 2013

Soltaron a una inocente. ¿Y las víctimas?

“¿Estas a favor de que dejen en libertad a una secuestradora?” me pregunta una vocecita de no más de 10 años. Mi cara de sorpresa ante su cuestionamiento, se refleja en su rostro perplejo por escucharme decir que la libertad de Florence Cassez es una buena noticia para todos.
“¿No crees que las personas que fueron secuestradas se sienten muy mal, no crees que es injusto?” continúa sin quitarme la mirada de encima mientras su descarapelado balón de los Pumas espera pacientemente el momento en el que será usado.
Las palabras no salen de mi boca. Las decenas de tecnicismos y argumentos que he utilizado para expresar mi opinión sobre el asunto se desvanecen de mi mente ante los ojos de un niño de 10 años.
Incierto, emprendo una aventura platónica. Para iniciar la explicación pregunto:
—¿Por qué crees que esa señora es una secuestradora?
— Pues, lo vi en la tele — pestañea rápidamente mientras responde.
— ¿Si me vieras en la tele y dijeran que soy un secuestrador, lo creerías?
— No, obviamente sé que tú no eres un secuestrador.
— Entonces ¿Por qué crees que ella si lo sea, porque no la conoces?
— Mmm, supongo.
Continúo con una explicación pediátrica del principio de presunción de inocencia y de la importancia de que los tribunales sean los que determinen quién es culpable y no la televisión. A pesar de que dice que entiende, me queda la impresión de que mis palabras no son muy afortunadas…

El expediente del caso Cassez antes de llegar a la primera sala de la SCJN contaba con más de 10 mil páginas, pero la suerte de la francesa estaba echada desde antes de que se redactara la primera letra. Cassez era culpable, era una secuestradora.
El manejo que muchos medios de comunicación (en conjunto con algunas autoridades) le dieron al caso no sólo tuvo la desfachatez de viciar un procedimiento penal en su conjunto, tuvo la desdicha de inyectar en el imaginario colectivo una alta dosis de confusión y de paso darle un fuerte golpe al entendimiento de los DDHH.
No es que yo sea un ingenuo parlanchín de las bondades de la libertad y los derechos humanos, no es que sea un iluso joven que ha tenido la fortuna de no ser víctima de un secuestro, es simple y sencillamente que creo que lo menos que podemos hacer los ciudadanos es pedirle a las autoridades que cumplan la ley, ni más ni menos.

Posiblemente mientras lee estas líneas siga creyendo que soltaron a una secuestradora; pues bien le pido un voto de confianza para hacer un ejercicio, intente dejar a un lado la idea de que Cassez es culpable (¿Además de lo que ha visto en televisión qué otra cosa le hace pensar que la extranjera es culpable?), ahora continúe leyendo…

Tenemos que dejar de pensar que soltaron a una secuestradora por violar sus derechos procesales, pues no fue así, soltaron a una inocente (toda persona lo es hasta que se demuestre lo contrario) porque  por violar sus derechos fue imposible saber si era culpable; repito: la inocencia no se tiene que demostrar.
Tenemos que dejar de pensar que los derechos que son fundamentales en una vida democrática y que por eso son recogidos en la norma más importante de nuestro ordenamiento jurídico: la constitución, se contraponen con los derechos de las víctimas.
Si las víctimas no han obtenido una reparación del daño se debe al actuar de las autoridades, no a la aplicación de los derechos.

¿Qué sigue? En el claroscuro de virtudes y desgracias que ha tenido el caso en turno, resalto la importancia de que los que nos dedicamos al derecho encontremos la manera de que las autoridades que faltaron a la ley no queden impunes, de momento (y al calor del asunto, sin un análisis serio) imagino al Estado mexicano demandado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por las víctimas del caso Cassez.
Pero sobre todo creo que el asunto es un parteaguas importante para seguir sembrando la semilla de la presunción de inocencia, del debido proceso y de los derechos fundamentales en general.
Espero que en el futuro mi amigo de 10 años no encuentre delincuentes condenados por una pantalla de 32 pulgadas, sino por los tribunales, después de cumplir con todos los requisitos que establece la ley, respetando los derechos y haciendo justicia.

Pablo Berthely Araiza. @pberthely
Estudiante de Derecho en la UNAM.

3 comentarios a “Soltaron a una inocente. ¿Y las víctimas?”


  1. Martha Sosa

    Gracias por su reflexión. Le interesará leer lo que tuiteó Joaquín López Dóriga antes de entrar al aire el 28 de enero: “Además en el Noticiero: La secuestradora Florence Cassez con Sarkozy; ejecutan en Nuevo León…” Una joya que sólo comprueba la agenda de los medios y la calidad de nuestros “periodistas” con más rating.

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  2. salvador quiroz

    Gracias, sin embargo toda esta polémica me resulta lo más racista que el país puede dar. Mientras ustedes los que se dedican al “derecho” discuten la inocencia de una francesa, miles y miles de personas sufren del efecto del Presunto Culpable debido a la miserable realidad del sistema que todos se han acostumbrado a tener y que les da pereza cambiar. Esta generación será valuada como muchas otras por su mediocre capacidad de hacer las cosas bien y no evitar la negligencia de sus acciones colectivas por el bien del cambio. Lo racista se apoya en que son más dispuestos a analizar un caso francés, que miles de mexicanos. El mundo del “derecho” debería sentir vergüenza!

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    • Nora

      El caso Florence Cassez es uno más de la terrible impunidad en la que esta sumergida la justicia mexicana. De acuerdo con mi perspectiva, la cual es similar a la del autor de este artículo, el caso de esta ciudadana francesa estuvo envuelto en miles de contradicciones por parte de las victimas y si a eso le añadimos el espectáculo mediático generado por García Luna a través de Televisa a manera de legitimación de su cargo,es difícil saber qué fue verdad y qué fue mentira.
      Puedo estar de acuerdo contigo en que todos deben ser juzgados por igual, no teniendo privilegios de ningún tipo.

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