enero 7, 2013

De ciclistas y radicalismos

 

Siempre me ha llamado la atención la forma en que algunos ciclistas promueven su causa. Mis encuentros más cercanos con la comunidad, vía twitter la mayoría, apuntan hacia una realidad inquietante: el ciclista promedio, aunque bien intencionado, tiende a polarizar. El vocabulario predilecto del que ha sido testigo incluye una interesante selección semántica: “la lucha”; “los cochistas”; “los carriles”; “los inconscientes”; “ellos”; “nosotros”; … ¡lotería!

Articular discursos en planos de confrontación nosotros (ciclistas) / ellos (cochistas) es peligroso para un grupo, que pese a estar bien organizado y contar con visibilidad innegable, busca incidir en la formulación de políticas públicas. Decía el filosofo político Carl Schmitt que el binario nosotros-ellos es, por excelencia, caldo de cultivo para confrontación.[1] Nosotros aquí en este extremo,  ustedes en el otro extremo y entre ambos una distancia inmensa; una diferencia irreconciliable. Entre más polarizados más diferentes, entre más diferentes menos diálogo, menos alianzas, menos coaliciones y menos políticas públicas para movilidad alterna.

Como grupo minoritario, cuyos integrantes no “nacen” sino que “se hacen” – excepciones las hay y deben ser reconocidas –, los ciclistas necesitan invertir tiempo y recursos en moldear a su favor la opinión pública, conformada (para bien o para mal) por no-ciclistas mayoritariamente. En otras palabras, para obtener mayor presencia y canalizar sus demandas por espacios seguros donde ejercer su decisión de movilidad, los ciclistas necesitan atraer a la mayor cantidad de peatones y automovilistas hacia nuevos métodos de transporte. Y no es un trabajo sencillo: el escepticismo de cambiar el volante por un manubrio en una ciudad no diseñada para bicicletas, sino sólo modificada reciente y parcialmente para ello, está en la mente de todos aquellos externos a la comunidad ciclista. Decía un amigo “quitarnos el miedo a la ciudad” y me parece la expresión adecuada.

Mi objetivo al escribir está columna es hacer un llamado cortés a los ciclistas a que mejoren sus relaciones públicas y canalicen sus fuerzas, como comunidad, a obtener apoyo en lugar de descalificar a los (aspirantes a) “cochistas” como criaturas contaminantes e inconscientes productores de tránsito.  No obstante, es vital no perder de vista otro dato: los “cochistas” son, al igual que los ciclistas, otra minoría. Quizás más grande, más notoria que los ciclistas mismos, pero minoría al final, en un escenario urbano dominado por los peatones, pilar fundamental de la opinión pública y mercado cautivo del transporte público.

Decía la politóloga Deborah Stone que en política, no apoyar es estar en contra, porque toda propuesta de viraje, reforma o innovación encuentra una sólida resistencia al cambio inherente a la naturaleza humana. En la pelea real que es impulsar cambios a contracorriente, la indiferencia es igual a la más férrea oposición. Este es el caso de los ciclistas y su relación, aparentemente amigable, con los peatones. ¿Se han detenido los primeros a preguntarse con cuánto apoyo cuentan de los segundos? ¿Cuentan los segundos con alguna agenda similarmente parecida a los primeros? A favor de los ciclistas juega que los peatones, a diferencia de los aficionados al transporte sobre bicicleta, no son una comunidad organizada y quizás por ello la inconformidad por la calidad del transporte público no se traduce en presión efectiva para impulsar reformas en la materia. La desorganización de los peatones, que son un gran número de individuos políticamente capitalizables, constituye una oportunidad enorme para los ciclistas. No emprender acercamientos estratégicos en este sentido y adoptar posturas pasivas, que confían en la expansión natural de la comunidad mediante políticas como eco bici, es un  gran riesgo originado en la autocomplacencia.

Una línea argumentativa más persuasiva y matizada, no maniquea ni obsesiva, es la estrategia más efectiva para disuadir a los escépticos sobre las ventajas (a veces no tan evidentes para los no iniciados en el tema) de moverse en dos ruedas.

 

David Antonio Maravilla Flores

Tesista de Lic. en Política y Administración Pública en  El Colegio de México, @DavidMaravilla



[1] Construir a los otros como diferentes es la forma eficaz de exacerbar la unidad de un grupo, pero el costo es una división férrea que crea zanjas y complica el diálogo.

2 comentarios a “De ciclistas y radicalismos”


  1. Fidel Mondragón

    Sin duda, das en el clavo, la forma en articular el discurso por parte del movimiento ciclista es su principal obstáculo para conseguir un apoyo mucho mayor en diferentes núcleos de la sociedad, sobre todo en los que utilizan el auto.

    Buena línea argumentativa, felicidades.

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  2. Luz Elena Lara

    Actualmente la posibilidad de “sumar” minorías logra hacer visibles cuestiones “no visibles”, al menos a primera vista, con ello es factible generar posturas y propuestas que a la vez generan por obvias razones capital político.

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