septiembre 16, 2012

Justicia, una mirada al sistema: entrevista a Gerardo Laveaga

 

Las secciones de novedades de las librerías nos reciben con una novela que dibuja en portada la mano desquebrantada de la diosa Themis, quien ha soltado la balanza de la justicia.

Emilia, una joven estudiante de la Escuela Libre Derecho, confundida entre su vocación por las leyes y su gusto por el chelo, decide entrar a trabajar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para convertirse en una persona útil para una sociedad necesitada de igualdad y justicia. Ahí -de manera casi milagrosa- conoce a Rosario, una adolescente en busca de ayuda para resolver las irregularidades en el procedimiento penal del asesinato de su mejor amiga, donde por intereses políticos se ha fabricado un falso culpable y el verdadero homicida está en libertad.

Las jóvenes se adentran en un mundo donde jueces, ministerios públicos, procuradores, ministros de la Corte, senadores y demás políticos les demuestran que en materia de procuración e impartición de justicia, “la práctica del Derecho no es sino la de las relaciones públicas”.

Valiéndose de una extraordinaria narrativa, Laveaga no da tregua al lector para despegar los ojos de Justicia (Alfaguara, 2012).

 

¿Qué es y cómo nace “Justicia”?

Yo he querido que Justicia sea un panorama general del sistema de justicia penal en México, he querido compartir con mis lectores todo lo que me inquieta. Creo mucho en el sistema de justicia, me encanta la procuración de justicia, me encanta la administración de justicia, y la novela crítica -porque es una novela crítica- no busca denostar al sistema, busca subrayar todas las fallas, las muchísimas fallas, la profunda obscuridad que yo advierto hoy en la policía, en los agentes del MP, en los jueces, en los magistrados, en los ministros, en el sistema carcelario, es decir, en todo lo que implica el sistema de justicia, y en la medida de mis posibilidades he querido plantear en la novela cómo está funcionando, para decirle a mis lectores: vean ahí está el problema.
Pero Justicia no es una protesta, es simplemente una descripción y yo pretendo que el lector saque sus propias conclusiones.

 

¿Los personajes están inspirados en personas de la vida pública?

Ninguno, pero no puedo evitar pensar en uno u otro con ciertos rasgos de alguien, te puedo decir que el presidente de la Corte reúne rasgos de tres ex-presidentes, saqué los rasgos que no me gustaban de los tres, pero ninguno de ellos puede decir este soy yo.
Nadie se puede sentir aludido por mis personajes, por ejemplo el ministro más conservador de la Corte es un hombre alto, flaco, huesudo con rostro caballuno, mientras el ministro más liberal es un gordo de barba larga, enojón, que da manotazos. En la realidad no hay ningún ministro que sea así.

No he querido denunciar a nadie, de ningún personaje se puede decir este es aquel o este es ese, nadie puede decir mira me está denunciando porque este es un asunto que yo viví.

 

¿”Justicia” es una novela de un abogado para no abogados, o la escribiste pensando en tus colegas de profesión?

Yo creo que es una novela para abogados y para no abogados. No la escribe el abogado, la escribe el escritor, resulta que por ciertas circunstancias también es abogado, pero podría ser médico o arquitecto.

Yo quiero comunicar a mis colegas mis inquietudes pero también comunicar a mis no colegas la situación que yo percibo, por ejemplo, me gusta plasmar el tema de la Suprema Corte, entrar al mundo de los ministros, porque la gente no conoce cómo son los tribunales, cómo es la Corte, cómo son las cárceles y de cierta manera es una invitación a que lo vean.

 

¿Qué esperas de “Justicia”?

Me gustarían que se le vea como a una obra literaria, pues no es una obra de denuncia, no es una obra jurídica y espero que la gente pueda criticarla o subrayar los méritos literarios, pero más allá de eso me gustarían dos cosas: que dentro de veinte años esto se vea como una obra costumbrista, es decir, que la gente diga así eran las cosas hace veinte años.
Me abrumaría que en dos décadas esto siga siendo igual, yo quisiera que, guardando todas las proporciones, sucediera lo que pasa con Dickens, con Altamirano o con Riva Palacio, pues la gente lee sus novelas y encuentra como eran las cosas en su época.

En segundo lugar me gustaría que fuera un libro que, para los jóvenes que están pensando en estudiar Derecho, sirva de incentivador o des-incentivador de vocaciones, que después de leer Justicia puedan decir: así es el sistema pero yo tengo el ánimo de cambiar, tengo la vocación para enfrentarme al sistema tal y como lo describió el autor, o al contrario, decir: si esto es el Derecho yo no le entro.

 

Eres profesor universitario, ¿qué opinas de la enseñanza del Derecho en este tema?

En la novela quise expresar cómo se está formando el sistema de justicia penal desde las escuelas, porque creo que en las escuelas estamos aprendiendo una gran cantidad de cosas que no sirven absolutamente para nada en un mundo como el de hoy, por eso la protagonista -Emilia- se pregunta: ¿Para qué diablos me sirve saber cómo manumitían esclavos hace 2500 años? ¿Para qué me sirve saber cómo liberaban esclavos en una época donde ya no hay esclavos? y hoy en la escuela se está enseñando eso, hoy en la escuela muchos jóvenes que estudian Derecho y quieren cambiar el mundo están aprendiendo cosas completamente inútiles, el problema comienza en la escuela. Por eso la protagonista se siente abrumada, aburrida, frustrada, irritada, de estar aprendiendo cosas inútiles. Así he querido presentar un poco el tema de las escuelas, pero por otro lado están los litigantes; cuando en alguna ocasión le dije a un amigo: te dedicas a evadir impuestos, me aclaró: “Gerardo me ofendes, tu sabes que evadir impuestos es un delito, nosotros eludimos impuestos; es decir, con los artefactos que te da la ley podemos evitar que nuestros clientes paguen impuestos, pero no hacemos nada contra la ley.”
También he querido retratar estos despachos y cómo piensan los jóvenes que entran a trabajar ahí.

 

¿El protagonista de tu novela es el sistema de justicia penal, lo consideras un aparato injusto?

En el libro pongo frases muy duras, que no son nuevas, como “el que tiene la fuerza no tiene que ir a litigios” o “las leyes son como las telas de araña, atrapan a los pequeños y débiles pero los grandes se escapan”, ese tipo de frases me asustan porque son de hace siglos y siglos antes de Cristo y hoy día tenemos un sistema que no es transparente y que por eso permite que pasen este tipo de cosas. Es tan obscuro el ámbito penal en el sistema jurídico mexicano, que todo se puede llevar con arreglos, con una comida, con negociaciones en los despachos y muchas veces no se resuelve con base en las leyes. Ahora yo estoy poniendo un caso absolutamente hipotético, totalmente inventado, sin embargo es un caso que puede darse.

En la novela presento muchas veces a funcionarios bien intencionados pero actuando en instituciones francamente decadentes, una institución tan obscura es angustiantemente destructiva. El mejor piloto del mundo no podría manejar en un coche sin motor. Y al revés, hay veces que existen instituciones bien diseñadas y los operadores las estrellan; pero el tema de mi novela es una crítica institucional, incluso cuando las personas son bien intencionadas y son buenas, es tan obscuro el sistema que no tienen más remedio que actuar de forma incorrecta.

 

México vive en un periodo transitorio para implementar una reforma al sistema de justicia penal, ¿crees que si hubieras escrito esta novela en Julio de 2016 o en lo sucesivo, sería diferente la historia del asesinato de Lucero Reyes?

Hay un plazo para que en el 2016 ya tengamos completamente instrumentado el sistema acusatorio, yo he trabajado mucho en implementar este sistema porque creo fervientemente en él, sin embargo como van las cosas yo no creo que esto esté listo en 2016, estoy siendo muy pesimista y tú me puedes decir que la ley lo establece así, bueno yo espero equivocarme, pero honestamente como veo el desarrollo de los estados no lo creo. Tendría que pasar algo extraordinario en los próximos meses para darle un impulso y una propulsión a la implementación del nuevo sistema, pienso que se hará una prorroga en algún momento. Lo que te digo me molesta decirlo, pero como veo las cosas creo que así va a ser.

 

De la lectura se desprende el profundo conocimiento que tienes sobre la SCJN, en este sentido ¿cuál crees que es el papel que tiene que jugar la Corte en los próximos años?

Un antiguo maestro mío que fue Ministro, Juventino Castro, decía muy molesto que la Corte era un tribunalote y a mí me preocupa eso, me preocupa que la Suprema Corte sea un tribunal de tercera instancia.

La Corte de Estados Unidos revisa 100 casos al año cuando mucho, el año pasado revisó 94, pero fueron 94 casos que moldean la vida de 310 millones de norteamericanos. En México nuestra Corte revisa un promedio de 6 mil casos al año, pero la mayoría de estos casos sólo afectan a la persona que llevó su asunto al máximo tribunal.

Nuestra Corte, por ejemplo, resuelve el caso de un empleado que fue despedido en Pemex de Tampico, y resulta que el señor va a la junta local y le dicen: aquí no vemos su asunto y después va a la junta federal y tampoco le resuelven el asunto, entonces va a la Corte donde tras una profunda discusión que se lleva un año, se resuelve que la competencia es federal y después de mucho tiempo empieza el juicio del señor. Eso hace nuestra Suprema Corte y yo no creo que la Corte deba hacer eso, yo creo que se debe convertir en un autentico Tribunal Constitucional. Justo eso le preocupa a la protagonista de mi novela, incluso uno de los personajes utiliza la frase de mi antiguo maestro, creo que es momento de que la corte deje de ser un tribunalote.

 

Por último, una pregunta que tú siempre haces a tus entrevistados, pero con una variante, ¿si pudieras platicar con un escritor de la historia, cuál seria y por qué?

Sin duda, Henrik Ibsen, yo creo que Ibsen fue el que despertó en mí el sentido crítico, la idea de que la literatura tiene que tener una visión provocativa.

No puedo leer una sola obra de Ibsen sin que me sienta contento, molesto o inquieto y me puedo imaginar lo que sucedía en el siglo XIX cuando presentaba sus obras y las prohibían, me parece fascinante cuando la protagonista de “casa de muñecas” le dice a su marido: ¡yo no soy una muñeca, soy un ser humano, me voy!

Pablo Berthely Araiza. @pberthely
Estudiante de Derecho en la UNAM

Gerardo Laveaga es abogado y escritor. Es autor de novelas como Valeria (1987) y El sueño de Inocencio (2006), ganador del Premio Nacional de Periodismo “José Pagés Llergo”. Ex-Director General del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), actualmente se desempeña como Comisionado del IFAI.

Un comentario a “Justicia, una mirada al sistema: entrevista a Gerardo Laveaga”


  1. Miguel A. Carrillo

    Es una novela excelente, en efecto, tanto para abogados como para no abogados. Te atrapa la historia, conmueve. Pero además, inexorablemente habla de la realidad actual. Gracias a Laveaga por su magnifica obra.

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