septiembre 3, 2012

El futuro del movimiento (parte II)

 

El movimiento en la agenda nacional: más de 131 voces y su organización

La primera parte de este texto trató de la ideología y de los discursos que #YoSoy132 presenta. De esta manera, aún, es necesario discutir dos temas. La primera pregunta a responder es cómo organizar los múltiples discursos que conforman al movimiento. Por otra parte, en la introducción mencioné que hablaría sobre la agenda del movimiento; sin embargo, como muestra el subtítulo de este apartado hay un cambio en el tópico de discusión: disertaré sobre el lugar que creo #YoSoy132 puede ocupar en la política de México y no en la agenda del movimiento, aunque al final, las conclusiones serán muy similares. Quise cambiar el tema de discusión por una razón: quería salir del ensimismamiento que presentamos muchos integrantes del movimiento; es decir, aunque parezca contradictorio con el título de este artículo, quiero comprender los proyectos que el movimiento puede realizar desde una perspectiva externa. Entonces, esto me obliga a hablar de cómo el movimiento puede insertarse en la discusión pública de nuestro país en lugar de hablar de la agenda del movimiento.  Por último, quiero enfatizar el uso en las frases anteriores del verbo “poder” en vez de la palabra “deber”. A lo largo este texto, expondré las posibles acciones que el movimiento puede adoptar. En contraste, el uso del verbo “deber” brinda un sentido de obligatoriedad.

Para responder la pregunta es necesario determinar cuál es la naturaleza del movimiento. En varias discusiones me ha sorprendido que se confunde la estructura de #YoSoy132 con una organización. Se debe diferenciar entre una organización y un movimiento.  Olson define la primera palabra como un grupo de personas que promueve sus propios intereses. Por esta razón, es posible hablar de una organización de vecinos o de un grupo económico. En el caso de #YoSoy132 difícilmente puede hablarse de un interés común. Como mencioné en la primera parte de este texto es posible identificar ciertos elementos comunes en todos los discursos. Los intereses que las organizaciones promueven tienen características materiales o repercusiones tangibles como recolectar fondos o, en el caso de un partido político, promover a sus miembros para ocupar cargos de elección popular con el fin de promover una agenda común. Resulta difícil que #YoSoy132 pueda hablar de una agenda común, pues ésta no sólo define objetivos, sino también estrategias.  En contraste, un movimiento no se constituye por la promoción de intereses, sino que las personas se unen por una o varias ideas.  Éstas constituyen el marco que moviliza a las personas. Esta característica hace más flexibles a los movimientos, pues el marco puede ampliarse o reducirse. En contraste, una organización que cambia sus intereses transforma su esencia.

La definición anterior tiene varias consecuencias. La primera es de afiliación. Una organización integra personas mediante membresías. La entrada a una organización puede ser libre y no necesariamente sus miembros deben demostrar ciertos requisitos; sin embargo, existe una membresía que distingue a los  individuos que pertenecen a la organización. En un movimiento no existen requisitos de afiliación, sino que los individuos se identifican con el marco del movimiento. Por esta razón, resulta risible que se expulse a alguien de #YoSoy132, pues, en todo caso, sería más un ostracismo. Una segunda consecuencia es la estructura. Una organización frecuentemente presenta una estructura definida en la que distintos miembros tienen asignada una función. El propósito de las organizaciones, como mencioné, es promover cierto interés, por lo que la coordinación entre sus partes es necesaria. Un movimiento tiene una estructura flexible. Para coordinar sus acciones es deseable tener cierta organización, pero imponer un órgano de dirección resulta complicado y peligroso. La Asamblea General Interuniversitaria (AGI), a pesar de la concepción que se ha formado entre miembros del movimiento, es un órgano consultivo. Su mayor poder es decidir qué acciones pueden ser atribuidas a todo el movimiento. No obstante, cualquier asamblea local tiene el poder de decisión de adoptar cualquier determinación de la AGI.

Posteriormente, surge la pregunta de si es deseable promover un esquema más organizativo dentro del movimiento. Varios opinólogos han expresado que de no consolidar la existencia de líderes que dirijan el movimiento éste está condenado a extinguirse. Incluso, algunos comparan a #YoSoy132 con el movimiento por los derechos civiles ocurrido en la década de 1960 en EE.UU. Estos articulistas se preguntan en dónde está nuestro Martin Luther King.  Yo difiero de estas apreciaciones. Veo dos problemas con la comparación. Creo que el marco en el que se expresa #YoSoy132 es demasiado amplio para unificar los objetivos del movimiento. El tema de la democratización de medios me parece que es el más acotado. Sin embargo, el tema del sistema político es demasiado extenso. Como mencioné en el párrafo anterior, una agenda común es difícil de establecer. No obstante, existe un argumento estratégico. El movimiento se conforma por poco más de un centenar de asambleas locales. Intentar unificar la diversidad discursiva de #YoSoy132 me parece un error táctico grave. Si sólo se escucha una voz o si una voz resuena más que las demás temo que el movimiento se desintegre. No concibo la existencia de un líder capaz de sintetizar todas las voces del movimiento. Se dice que el asambleísmo es el mayor mal del movimiento. Yo creo que es su mejor virtud. Hablo del asambleísmo local, aquél que ha promovido la creación de grupos de trabajo y de discusión. Las asambleas locales han devenido en grupos de discusión y de trabajo que han impulsado distintos proyectos interesantes. Las deficiencias que se expresan en la AGI se compensan en estos núcleos de deliberación. Este esquema nos ha permitido conciliar la movilización callejera con proyectos institucionales. Estos articulistas han creado la necesidad ficticia de unificar lo diverso.

Después de discutir la forma de organizar la multiplicidad de voces que constituyen #YoSoy132 expondré los distintos temas de la agenda nacional que la organización puede promover. A mi parecer existen dos falacias con las que varios miembros sustentan las acciones del movimiento. Ambas se han usado en repetidas ocasiones para argumentar la actuación de #YoSoy132 en torno a los dos temas fundamentales que conforman su marco. Cuando se discute sobre la democratización de los medios se cae en la “infantilización” del pueblo (con toda la ambigüedad que conlleva ese término). Se concibe al público de Televisa y de TV Azteca como páginas en blanco sobre las que las televisoras pueden escribir lo que quieran. El espectador promedio de Televisa (en el discurso está implícito cierto componente de superioridad intelectual) no tiene criterio propio. Las televisoras proveen la información que determinará por quién votarán los individuos. Este pensamiento se traslada a los votantes. El votante promedio también carece de criterio político propio. Así, nadie  con un mínimo criterio votaría por el PRI. Todos los priistas son mentes controladas o beneficiarios de algún puesto político. Durante la elección constaté que hay votantes que con argumentos razonables decidieron su voto por el PRI. Creo que tomar al mexicano promedio (aunque nadie sepa bien cuál es el promedio) como un infante es subestimar su capacidad de razonamiento. Quiero matizar un poco mis afirmaciones anteriores. No quiero parecer un “ultra” del statu quo. Creo que contar con diversos medios que sean más representativos de todas las opiniones de la población es lo más deseable. También, creo que un votante informado es capaz de sustentar mejor su voto; sin embargo, varios estudios han demostrado que la información que obtienen los votantes de la TV sólo reafirma su primera preferencia (Berelson 1986).  También, creo que una reforma electoral que busque sancionar más efectivamente la compra de votos es necesaria, pues no dudo que habrá miles de mexicanos dispuestos a vender su voto por unos cuantos pesos que les permitan sobrevivir un día más.  Muchos cambios son necesarios para corregir nuestra maltrecha democracia, pero los argumentos que sustentan varias propuestas del movimiento expresan una visión demasiado simplista.

La segunda falacia que se esboza con frecuencia consiste en adjudicar todos los males del país a las instituciones. La lógica es la siguiente: las instituciones están corrompidas, por lo que los funcionarios que dependen de ellas son, igualmente, corruptos; consecuentemente,  todas las políticas públicas y acciones encabezados por estos funcionarios son erróneas o defectuosas. Este argumento me recuerda a algunos académicos que exponen al régimen presidencial como la fuente de todos nuestros problemas. El grado con que se usa este argumento varía. Por ejemplo, miembros de “Más de 131” han expuesto que es necesario promulgar una nueva Constitución. Otro ejemplo es el artículo escrito por uno de los miembros más prominentes de nuestra horizontalidad. Éste critica al IFE y a nuestras instituciones, en general, por ser parte de lo que llama la“(absurda) tragicomedia electoral”. Sobre el primer ejemplo sólo diré que nuestra historia ha demostrado que una misma Constitución  ha producido desde un régimen con un partido hegemónico, hasta la competencia electoral. Si bien la Constitución se ha reformado decenas de veces en este periodo, el observador atento constatará que la apertura del sistema se logró, en gran medida, con distintos momentos institucionales en los que se cambió la ley electoral. Estos cambios han producido que el mismo régimen presidencial se comporte de maneras muy distintas. El segundo ejemplo me parece más importante para la discusión, pues parece estar mejor sustentado. Sin embargo, este argumento resulta muy cómodo, y, en el fondo, no se aleja de una consigna de protesta. El gran problema del argumento en cualquiera de sus modalidades es que carece de especificidad. ¿Cuál es el defecto de la institución? ¿Toda la institución es defectuosa o sólo una parte de ella? Creo que como bien han dicho varios analistas y columnistas la mayor parte de los problemas se encuentran en leyes secundarias que reglamentan a las instituciones. El IFE no es el problema, sino la sobrerregulación de la Ley Electoral de 2007, por poner un ejemplo. Si se está en una manifestación, probablemente, no se esperaría un argumento específico; sin embargo, en una discusión formal sostener que una o todas las instituciones están podridas es presentar una caricatura de la realidad. Esto es lo que más me temo; que nuestro diálogo se ha convertido en monólogo y que la caricatura nacional que tantos miembros del movimiento (desde los más moderados hasta los más radicales) han pregonado nos ha absorbido. Ahora, nosotros somos parte de esa caricatura.

Epílogo: nuestra soberbia

Inicié este artículo para aumentar la discusión sobre cómo el movimiento podría ser un actor importante en la vida nacional. Las distintas circunstancias políticas y el rumbo que ha tomado el movimiento me obligan a decir que el rótulo #YoSoy132 no me representa más. Entré al movimiento desde la asamblea de #CIDEes132  porque creí (aún creo) en el espíritu fundador de este movimiento: el espíritu que se negó a aceptar que la elección presidencial estaba decidida; aquél que se levantó contra la manipulación de la información por las cadenas de televisión; aquél que unió a universitarios de escuelas privadas y de escuelas públicas bajo una misma palabra. En la primera parte de este texto expuse que el mayo valor del movimiento era su capacidad de aglutinar una diversidad enorme de discursos. Hoy, este espacio ha dejado de existir. En mi opinión se ha tergiversado este sentido primero del movimiento. Yo asumo parte de mi responsabilidad en esto. Nos ha ganado nuestra soberbia. En muchos foros varios miembros del movimiento expusieron la necesidad de elaborar una autocrítica. Fue un punto en el que varios coincidieron; sin embargo, ésta nunca se realizó. Al final, prevaleció el sentido maniqueo de que “la verdad está de nuestro lado”. Cuestionamos todo, pero no nos cuestionamos a nosotros mismos. Nos aislamos. Propagamos que la solución es la sociedad civil, pero nos alejamos de ella. En la primera parte de este artículo hablé de la necesidad de crear un nuevos discurso; sin embargo, hemos calcado el discurso del SME, de la CNTE, del Frente Nacional Francisco Villa. Así, los medios lograron normalizarnos en la marginalidad. ¿Qué mensaje queríamos mandar cuando una de las AGI fue realizada en una sede de la CNTE? Reitero que es bueno escuchar a todos, a todas las luchas sociales, pero acabamos absorbiendo su discurso. Ahora nos mimetizamos con ellos. No existe una frontera clara.

La soberbia ha sido de todos los espectros ideológicos. Creo que es hora de cerrar un ciclo. El movimiento ha sido más que una plataforma para promover a unos cuántos individuos, trajo una nueva manera de discusión, movilizó a una parte de la población que normalmente es políticamente apática, evidenció la manipulación de la información por parte de las principales televisoras y contribuyó a evitar que el PRI ganara la mayoría del Congreso. Creo que lo más importante del movimiento fue que construyó una extensa red de colaboración entre los estudiantes. Muchos podrán decir que este cierre es una victoria para los políticos que desean una sociedad apática y desmovilizada. Yo les diría que se equivocan, que la semilla ya está plantada. Estas redes de colaboración no serán fáciles de destruir. Creo que aún pueden ser aprovechadas para ayudar a reinventar la vida nacional. Por eso creí pertinente terminar el artículo aunque mi participación en el movimiento cesara. Por mi parte, me llevo una experiencia muy grata que justificó cuatro años de estudiar Ciencias Políticas.

Si no ardemos juntos ¿quién iluminará esta oscuridad?

Carlos Monroy Villalobos. @carlesmonroy

Ciencia Política, CIDE

2 comentarios a “El futuro del movimiento (parte II)”


  1. yugohnadai

    Nuestra cultura política está sólidamente en la desconfianza y al mismo tiempo se nutre de ella, como una planta, y también coo una planta da frutos que en nuestro caso es el espectáculo post electoral al que todavía, me temo, le falta lo peor.
    Los frutos de esa desconfianza son la reducida voluntad de participación que muestran muchos ciudadanos, la certeza permanente de haber sido robados y la esperanza de que alguien, algún día, nos sacará de la miseria en que nos ha tenido sumidos el PRI.
    Esa misma desconfianza nos llevó a ver con recelo el inicio de las hostilidades contra Peña en la Ibero; no habría sido extraño constatar de quién era la mano que movía esa cuna.
    Hemos sido testigos de la transforma ión de un movimiento ¿espontáneo? que de entrada a algunos nos removió la nostalgia y a otros les hizo ver que por fin había llegado el tan esperado despertar de la juventud. Ahora, me parece, algunos tratan de convertirlo en un ariete de la lucha post electoral, lleno de soberbia e intolerancia.

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  2. @GabrielicaG

    Tu artículo me parece muy elocuente. Yo era de las personas que confundían el termino organización con el de movimiento, y me has hecho reflexionar. Yo estuve, al igual que tú, de acuerdo con algunas de las máximas sostenidas por el movimiento (aunque a diferencia tuya, nunca me uní a él) y no lo demerito, pues como dices, logró marcar diferencias durante el proceso electoral y volvió a dar un respiro de alivio a todos los que creyeron que la juventud padecía una irremediable apatía. Hoy por hoy, comparto la idea de que el movimiento se ha desgastado en consecuencia de ciertas equivocaciones. Aún así, me produce entusiasmo el saber que las redes de intercambio ideológico y político siguen vivas entre los estudiantes y que estas seguirán (ojalá) fuertes y activas de ahora en adelante. Un placer leerte. Estudio el 1er semestre de Ciencias Políticas y AP en la UNAM, FCPyS CU.

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