agosto 10, 2012

Juego de espejos: revisitando al #YoSoy132

Al hablar del #YoSoy 132, es imposible negar una cosa: se trata de muchos movimientos en uno mismo; movilizaciones que se entrelazan y se complementan y se niegan; protestas que, en el afán incluyente, se apoyan y se censuran, se cuestionan y se critican, con el fin de aportar o destruir. Se trata de opiniones, de ideas y sentimientos, visecerales todos ellos, enfrascados en un solo ideal: hacer del movimiento un suceso mucho más funcional, buscar que de alguna manera deje lo visceral y pueda aterrizarse un poco.

En el sentido más amplio, el movimiento ha significado una bandera que reivindica a la protesta social. Esto, en un primer acercamiento, explica la convicción de solidaridad de varios grupos en la lucha social hacia –y desde– lo que parece ser una cultura 132: los macheteros de Atenco y miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas, los migrantes centroamericanos que transitan por un país naúfrago y los campesinos; todos ellos grupos no necesariamente conformados por estudiantes, resumidos en una frase del Colectivo #YoSoy132 Guadalajara: “no somos un movimiento estudiantil”.Esta cultura, la del ser 132, es en estricto sentido, una lucha de fuerzas que no necesariamente es de ideologías. De ahí que se distinga sobre todas las cosas, que el movimiento deba de ser medido a partir de una escala de grises: no existe ni lo muy negro ni lo muy blanco. Lo que para unos resulta ser muy radical, para otros no supone más que lo necesariamente posible; lo inevitablemente sucedible. En otro caso completamente diferente, lo que resulta muy moderado, no es otra cosa que lo mismo. Y en ese sentido, el 132 se rige, de alguna manera, bajo la siguiente frase: lo otro es lo mismo, visto desde un lugar diferente.

En un segundo acercamiento, el #YoSoy132 se posiciona como una bandera que busca la reivindicación del estudiantado. Esos jóvenes que, de acuerdo con un lugar común surgido a partir de ellos, se les consideraba como apáticos y desinteresados, sobre todo en lo referente a la vida política del país.

En vísperas de aniversarios de movimientos sociales –que de cierta manera son juveniles– que consiguieron gobiernos derrocados, como los casos de Libia y Egipto; protestas contra los privilegiados americanos, como Los Indignados –y sus muchas variantes, según su ubicación geográfica–, o el movimiento 15-M, en España; movilizaciones estudiantiles en Chile, ante un sistema educativo anacrónico; y, en el mayor de los sentidos, ante las críticas y cuestionamientos de no pocos medios y líderes de opinión nacionales, que van de la mano de una supuesta apatía y desinterés que invadía los titulares de las ocho columnas en una sola pregunta: “¿En dónde están los indignados mexicanos?”; surge el #YoSoy132, mostrando una cuestión que es casi sintomática: algo no está bien.

El movimiento, víctima de una reacción en su surgimiento (el 11 de mayo se descalificó a los estudiantes que protestaron contra Enrique Peña Nieto, mientras participaba en el Foro Buen Ciudadano Ibero, llamándolos acarreados de grupos de izquierda, en un aparente paralelismo con la reacción del gobierno priista encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, acusando a los estudiantes de comunistas),  se enfrenta ante el vaticinio constante de muchos medios y líderes de opinión que aparentemente olvidan sus antiguos cuestionamientos, para producir otros nuevos. Mismos que ya no son formulados a partir de la búsqueda de una razón que intenta explicar la falta de indignados mexicanos; sino en una situación que establece por qué esos indignados ahora se indignan.

De alguna manera la reacción estudiantil ante la visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana, hizo recordar que los estudiantes de esa universidad se alejan mucho del lugar que se ha creado a partir de ellos. Se trata de universitarios, en todo el sentido de la palabra: hijos del pensamiento crítico y reflexivo que, a partir de sus propias convicciones, son capaces de declararse anti PRI –que no anti Peña–; una convicción que no se hace en un sentido histórico –como se ha querido manejar, en una presunción de una supuesta superioridad moral de ese partido en donde se describen a partir de la siguiente frase: “Somos el nuevo PRI” –, sino en un sentido de sintonía temporal: los jóvenes se ven indignados por Mario Marín, Humberto Moreira, Pablo Salazar Mendiguchía, Ulises Ruíz, Fidel Herrera; todos personajes de ese nuevo PRI, que parece no ser muy diferente al viejo. “¡Yo soy del PRI de todas las épocas!”, celebra Manlio Fabio Beltrones, en una expresión que sugiere que, inevitablemente, lo otro es lo mismo, visto desde un lugar diferente.

El anti priismo de los integrantes del 132, y de muchas otros miembros de la sociedad civil, nació mucho antes del propio #YoSoy132. El viernes 11 apenas fue un catalizador de grandísimas sintonías entre muchos miembros de la sociedad civil. Estudiantes y maestros, campesinos y padres de familia, que de pronto se encontraron ante una misma convicción: no queremos al PRI de regreso.

El surgimiento y, posteriormente, la consolidación del movimiento se debe, en gran medida, a dos elementos: 1) la difamación hacia los estudiantes, generada a partir de los comentarios del dirigente nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, calificando a los universitarios de acarreados e intolerantes; y 2) el manejo de la información a partir de lo ocurrido, por parte de algunos medios nacionales y líderes de opinión.

Del primer caso, se desprendió una idea que sigue permeando, aún tres meses después de ocurrida la visita del 11 de mayo. El pensamiento es adoptado por varios miembros de la comunidad Ibero, además de ser aceptado por no pocos integrantes de la sociedad civil. En éste, se establece que a Enrique Peña Nieto se le pudo haber ganado mediante el debate, y no a partir de la protesta estudiantil. Esto, en un primer sentido, implicaría que, efectivamente, el entonces candidato buscaba debatir. Sin embargo, para el momento de la protesta, el abanderado tricolor había declinado ya las invitaciones de Milenio Televisión y MVS Noticias –en el programa de Carmen Aristegui–, a debatir publicamente con los otros tres candidatos a la presidencia. La idea, en este sentido, es clara: no se le puede ganar debatiendo a un candidato que no quiere debatir. En un segundo sentido, se desdeña a toda costa la espontaneidad de las simultaneidades de las protestas de ese día: los enmascarados de Salinas y la manifestación por el caso Atenco; en una consigna clara: el estudiante no es capaz de lograr eso por sí solo.

Lo anterior, de alguna manera, es reafirmado por el segundo caso mencionado: el mal manejo de la información. A partir de la protesta, no muy pocos medios dejaron de informar lo que en realidad había sucedido ante ella. Esa misma noche, en los noticieros de Televisa, se dejó de mencionar lo sucedido. Al día siguiente, todas las portadas de los periódicos de la Organización Editorial Mexicana (OEM), dejaban leer en sus titulares: “Éxito de Peña en la Ibero, pese a intento orquestado de boicot”. El domingo 15, Román Revueltas publicaba en su columna de los domingos en Milenio Diario, que el comportamiento de los estudiantes había sido equiparable a conductas propias del fascismo.

La consigna, pues, en este sentido, era evidente: la protesta de los estudiantes no sólo había estado mal, sino que dejaba en evidencia la intolerancia en la que vive la juventud de México. El enojo y las descalificaciones funcionaron como un catalizador de lo que surgiría tres días después. El 14 de mayo, circuló en la Internet, un video titulado, “131 Alumnos de la Ibero responden”, en donde se muestra a estudiantes de esa universidad manifestando lo que es claro: el estudiante tiene un valor inconmensurable con el de alguna otra fuerza social; no en el sentido de que sea mayor, sino en el sentido de que, al ser motores de la historia, no se les debe intentar acallar y, mucho menos, desdeñar.

A una semana de los hechos del 11 de mayo, se convocó a una marcha desde el TEC Campus Santa Fe, y la Universidad Anáhuac, que saliera de la puerta 10 de la Universidad Iberoamericana, y que marchara hasta las instalaciones de Televisa Santa Fe, en lo que parecía convertirse en un sintoma declarado: el enojo era compartido por mucho más de 131 alumnos de la ibero. Y, en esta convicción de solidaridad, es que se comienza a hacer visible la etiqueta de pertenencia: “Yo soy el 132”; dibujada en pancartas y manos de varios estudiantes exigiendo una sola cosa: la verdad.

A partir de las manifestaciones del 18 de mayo a Televisa (hubo otra manifestación que salió desde el ITAM hacia Televisa San Ángel) se empieza a vislumbrar el nacimiento de un movimiento estudiantil, que pronto dejaría de serlo, para convertirse en un movimiento de movimientos: un movimiento social, a fin de cuentas que, en una acción contundente, marcharía desde la Estela de Luz hasta Televisa Chapultepec, el 23 de mayo, en la #MarchaYoSoy132.

Es a partir de aquí que comienzan a surgir las diferentes células 132, en la ciudad de México y en diferentes ciudades del país y del mundo. Es aquí también en donde el sentido de unión se pretende como igualitario: no existe división entre estudiantes de universidades privadas y públicas.

En la práctica, sin embargo, conforme pasan cada una de las Asambleas Interuniversitarias, esta idea se va difuminando. De tal manera que esa división, esos lugares comunes y, si se quiere, esas desconfianzas arraigadas entre universidades antagónicas, comienzan a salir a flote. Y en este sentido, el #YoSoy132 comienza a difuminarse. No en el sentido de que se fragmente y deje de funcionar como un solo conglomerado; sino en uno sentido que establece que ese mismo conglomerado está formado a partir de muchos otros: el #YoSoy132 es muchos movimientos. Se trata de asambleas locales: de la UNAM, el ITAM, y la Ibero, entre muchas otras; que funcionan a partir de una declaratoria de principios, que se leyera el 26 de mayo en su manifiesto, en un mitin en Tlatelolco, y que comenzara a delimitarse en Las Islas de CU, el miércoles 30, y que engloba a toda una grandísima fuerza que es el propio movimiento, consolidado a partir de fuerzas de igual magnitud, pero que operan en sí mismas.

Lo cierto es que cada quién ha estado en el movimiento que ha querido estar. Para unos ha sido la oportunidad histórica de llevar a cabo el primer debate presidencial ciudadano en la historia de México, organizado por ciudadanos; para otros ha sido la oportunidad renacida para protestar ante un régimen que nos está llevando al país a un naufragio definitivo; para algunos otros, quizás, ha sido la oportunidad de revivir su propia lucha, pues, ¿qué ha sido el 132 sino la reafirmación de que hay que luchar por un México mejor?

Las difuminaciones del #YoSoy132, lejos de debilitarlo lo refuerzan, en el sentido de una exaltación de fuerzas de pluralidad. Aquí no debe caber la postura de no escuchar a aquellas voces que puedan llegar a parecer radicales. Sino, en todo caso, escucharlas a toda costa, porque al final puede que no lo sean tanto. Cada quién entiende al 132 como siente que es conveniente. Resulta obvio que la asamblea local del #YoSoy132 ITAM, no entiende de la misma manera al movimiento que la asamblea de la Facultad de Ciencas. Lo mismo sucede si se le compara el movimiento a nivel D.F. con otros estados de la república.

Se ha tratado, en buena medida, de un juego de espejos opacos que suponen ser lo mismo, pero no lo son aunque en esencia lo sean. Y es ahí, en las diferencias, en donde está su fuerza.

El #YoSoy 132 ha sido, a final de cuentas un punto de inflexión de opiniones encontradas, que se tocan y se complementan y se niegan. De tal manera que, al hablar de él, se debe hacer desde la perspectiva muy particular de cada miembro. Cada miembro es en sí mismo su propio movimiento.

Sobre esta misma línea y, a tres meses de iniciado todo en la Universidad Iberoamericana, es importante recorrer una vez más al movimiento. Revisitarlo completamente, en cada una de sus fechas importantes: de la marcha del 23 de mayo, al debate 132, el 19 de junio; de las elecciones presidenciales el 1 de julio, a la toma simbólica de las instalaciones de Televisa Chapultepec, el 27 del mismo mes.

La manera de hacerlo es la siguiente:

Este texto se presenta coma la introducción de una dinámica donde cada día, a partir del 11 de agosto, se publicarán textos de diferentes miembros del movimiento, recolectando visiones y posturas y reflexiones muy personales a partir de esos eventos muy específicos, vistos tres meses después.

Comenzaremos, con la visita de Enrique Peña Nieto del 11 de mayo y terminaremos el 31 de agosto hablando del final definitivo de la primera parte del movimiento: el 1 de julio de 2012, con las elecciones presidenciales.

Sin más que agregar, he aquí, los muchos #YoSoy132 que existen.

Francesc Messegue. @ElMesseguer

Estudiante de comunicación y miembro de la asamblea local de la Universidad Iberoamericana, Más de 131.

4 comentarios a “Juego de espejos: revisitando al #YoSoy132”


  1. Alejandro Medina

    Hola Francesc. Me gustó tu narrativa sobre el surgimiento y vida de este movimiento. Yo estuve aquél miércoles 30 de mayo en las islas de CU y para ser sincero le pronosticaba una vida muy corta que no duraría más allá que el 1ero de julio, pero a decir verdad me han sorprendido… espero que logren establecer un esquema de trabajo amplio que permita la diversidad de ideas pero que sea lo suficientemente fuerte y eficiente para conseguir aterrizar soluciones y ponerlas en práctica.

    Saludos y buena suerte:)

    Responder

  2. Saludos.- Soy Cristina.

    Saludos.-Me identifique con ustedes,por la forma como defienden la verdad y por el artazgo que ya traemos los mexicanos desde ya hace varias decadas, estoy convencida de que los mexicanos no nos merecemos tantas atrocidades como han venido ocurriendo, que aunque nuestro pais se esta cayendo a pedazos, todavia podemos levantarlo, los he acompañado por conviccion a diferentes marchas,estoy con ustedes. Reciban un saludo fraterno.

    Responder

  3. Sole

    No agotarse en lo electoral y vindicar el valor de la ciudadanía con nombre y apellido, sin partido: ese me parece el impulso admirable, el que debe trascender y el que ahora busca poner al ciudadano a participar con tecnología y sin agendas ajenas de por medio: Ciudadanos que no sólo votan, no sólo marchan, hacen #NuevaConstitución #sentimientosdelanación http://www.youtube.com/watch?v=G55a6clWuBY&feature=player_embedded

    Responder

Comenta esta entrada

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>