julio 17, 2012

UNAM: ¿reprobados?, mejor a debate

 

“No seleccionado” es la etiqueta que pone la UNAM a los miles de aspirantes que buscan un lugar en sus aulas y que no logran el puntaje necesario; socialmente se les llama “reprobados”.

Por desgracia un ejercicio como la prueba de admisión a la Universidad pública más grande del país no hace diferencia entre un alumno que obtiene el 70% de los aciertos del examen y uno que obtiene el 25%, si no llegan al mínimo exigido serán por igual “reprobados”, o si se quiere leer desde la comodidad de un escritorio burocrático serán “no seleccionados”.

El concurso de selección para ingresar al nivel licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México se ha convertido en una herramienta que genera un gasto altamente regresivo para el país y desde algunos miradores una técnica de admisión injusta.

El presupuesto de la “máxima casa de estudios” en 2012 fue de 31, 654 millones de pesos de los cuales el 60.7% se destina directamente a la docencia, de manera que haciendo una división podemos decir que cada alumno cuesta 59,226 pesos al año [1]. Cada año en promedio el 8% de las personas que presentan el examen de ingreso al nivel superior logra un lugar en la UNAM (como se presenta en la siguiente tabla).

Tabla 1

Por el contrario 19 de cada 20 estudiantes egresados del bachillerato UNAM aseguran un espacio en las instalaciones universitarias auriazules, gracias al popularmente conocido “pase directo”.

A partir de los datos presentados intentaré argumentar el porqué el examen citado es un gasto regresivo para el país y por qué puede ser una herramienta sumamente injusta.

I. El pase reglamentado, ¿Injusto?

Motivo de innumerables debates a lo largo de casi 50 años, el pase reglamentado es un tema que debe ser analizado tomando en cuenta las modificaciones y cambios de los que ha sido sujeto en el transcurrir del tiempo.

En 1966 durante el periodo del Rector Ignacio Chávez, nació en la Facultad de Derecho una demanda que rápidamente encontró eco a lo largo y ancho de las instalaciones de la Universidad Nacional: el pase reglamentado, o comúnmente conocido como pase automático.

La exigencia era muy clara, que los egresados del bachillerato de la UNAM pudieran acceder a la licenciatura por el simple hecho de haber aprobado el nivel previo dentro de la misma institución.

El Dr. Chávez abdicó a su cargo [2] y los estudiantes conquistaron esa demanda, que con el paso del tiempo se volvió un derecho irrevocable, pues desde entonces ha servido como argumento de gran peso para oponerse a cualquier intento de reforma al Reglamento General de Inscripciones de la Universidad.

Sin duda es fácil identificar los conflictos que amparados por el espíritu del pase reglamentado han generado inestabilidad institucional, tal fue el caso de la huelga de 1987. En septiembre de 1986 el consejo universitario aprobó una serie de reformas, dentro de las cuales se encontraban la modificación al Reglamento de Inscripciones, que contemplaba que el pase reglamentado estuviera sujeto a un par de condiciones: un promedio mínimo de 8 y terminar el bachillerato en un máximo de tres años [3]. Esa modificación junto con otras desataron el descontento de miles de jóvenes que llevaron a la Universidad a una huelga general a principios de 1987. Las autoridades de rectoría y el Consejo Universitario decidieron, tras muchos ejercicios de dialogo con los inconformes, dar marcha atrás en las reformas impulsadas meses antes.

Así transcurrió una década sin modificaciones en la figura del pase automático, pero el 9 de Junio de 1997 el Consejo Universitario aprobó el documento “Principios y criterios para el ingreso de estudiantes a la Universidad y su permanencia en la misma” [4], documento que sirvió como base para impulsar reformas que contemplaban las condiciones (hasta hoy vigentes) de tener un promedio mínimo de 7 y terminar en un máximo de cuatro años el nivel medio superior para ser merecedor del pase reglamentado, así como la garantía de poder elegir la carrera y el plantel (sin importar la demanda) para aquellos que terminaran en tres años con un promedio de 9. El entonces Rector Francisco Barnes presentó una justificación a la reforma aduciendo que el mérito académico de los estudiantes debía prevalecer con independencia de sus condiciones sociales y económicas. El desenlace de dichos sucesos fue un nuevo conflicto donde algunos estudiantes decidieron impulsar una huelga general.

Organizados bajo el nombre de Consejo General de Huelga (CGH) alumnos, trabajadores y maestros centraron su argumento principal en la idea de que los estudiantes de bachillerato UNAM no tenían que volver a ser evaluados para entrar a la licenciatura, si la propia Universidad era quien había validado sus estudios del nivel medio superior. Aducían su defensa argumentando que al impulsar reformas que modificaban el “pase automático”, la UNAM renegaba su propio sistema educativo; en contraposición el grupo reformista manifestaba la importancia de privilegiar el mérito académico, ejemplificaba su postura con el caso del ingreso al posgrado, el cual tiene muchos más candados de acceso, incluso para los que provienen de licenciaturas de la UNAM, y donde no existe propiamente un sistema como el pase (directo) reglamentado. [5]

Otro argumento que el CGH espetó una y otra vez fue que el pase reglamentado (sin candados) constituía una forma de admisión bastante pareja para cualquier alumno, sin importar sus condiciones sociales y económicas, a diferencia del examen de selección donde la equidad académica se veía sumamente mermada por las condiciones económicas del aspirante. Decían que en una Universidad donde el ingreso del 60% de las familias de los estudiantes era menor a 9 salarios mínimos, era incongruente establecer filtros que permitieran el acceso a estudiantes que tuvieran el triple de posibilidades sólo por sus condiciones económicas. [6]

Han pasado más de 12 años desde que el conflicto se resolvió; actualmente es acreedor a pase reglamentado aquel que con un promedio mínimo de 7 concluya el bachillerato en un máximo de cuatro años, sin embargo la demanda en algunas carreras (sobre todo en planteles dentro de Ciudad Universitaria) es tan grande, que cada año se estipulan diferentes promedios mínimos para acceder a las carreras más solicitadas. [7]

Tras un esbozo de lo que ha sido la historia del pase reglamentado en la UNAM es fácil afirmar que no es un tema de discusiones y modificaciones simples, pero a pesar de ello, para el que esto escribe es necesario que se abra un nuevo capítulo en el debate de dicha forma de ingreso a la licenciatura, puesto que el incremento en la demanda de aspirantes en el concurso de selección ha sido en los últimos años razón suficiente para ello.

Tabla 2

Dejando a un lado la discusión sobre las ventajas y desventajas que tiene el pase automático, lo cierto es que para ingresar a la licenciatura, la UNAM exige a algunos estudiantes resultados casi de excelencia y a otros un rendimiento estándar donde casi todos tienen el lugar asegurado, y eso es un grave problema.

Veamos un ejemplo: en el 2011 para estudiar la carrera de filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras se necesitaba un mínimo de 96 aciertos en un examen de 120 preguntas (80% de efectividad), o  bien haber obtenido en una Prepa o CCH de la UNAM un promedio mínimo de 8.

Hasta ahí todo parece simétricamente justo, sin embargo en el primer caso el aspirante define su futuro en un plazo de 3 horas, en un examen contra reloj que más que medir los conocimientos mide la capacidad de decisión bajo presión. Mientras que en el segundo caso el alumno tiene 3 años para alcanzar el promedio que le abra las puertas del mundo universitario.

Por otro lado la UNAM le da diferente valor de importancia al conocimiento de las matemáticas en sus alumnos que llegan por concurso de selección y los que tienen pase reglamentado.

El 20% del examen de selección corresponde a preguntas de matemáticas, lo que provoca que un mal resultado en esa asignatura sea una sentencia de “no selección” para el aspirante, pues de ser así, tendría que hacer un examen perfecto en las otras disciplinas para conseguir el puntaje requerido; en contraposición,  para los estudiantes de bachillerato UNAM las matemáticas representan una asignatura con el mismo valor que cualquier otra a la hora de sacar promedios. Es decir, para el alumno que quiera estudiar filosofía (siguiendo con el ejemplo) proveniente de una Prepa de la UNAM no será mayor problema una mala nota en matemáticas [8], pues se promediará por igual con las demás asignaturas, logrando fácilmente el pase reglamentado, mientras que el alumno que obtenga un mal rendimiento en matemáticas en el concurso de selección deberá tener muy buenos resultados tanto en historia, literatura, español, geografía (materias afines a la carrera que desea cursar) como en química y física.

Personalmente soy de la idea que se debe exigir una base solida en el conocimiento matemático de los futuros estudiantes universitarios, pero me parece profundamente injusto que se le dé diferente importancia en unos y otros.

Tabla 3

II. Examen de selección, gasto regresivo

El concurso de selección es la segunda vía para ingresar a la licenciatura en la UNAM; consiste en un examen de 120 preguntas con 4 posibles respuestas, que se refieren a las distintas áreas del conocimiento. Cualquier estudiante proveniente de un bachillerato que no sea de la UNAM (público o privado) lo puede presentar en las dos fechas que se ofrece: febrero y junio.

Si bien el artículo primero del Reglamento General de Inscripciones establece que la UNAM selecciona a sus estudiantes tomando en cuenta el grado de capacitación académica y sus condiciones de salud, el propósito fundamental de la Universidad es estar al servicio del país con sentido ético y de servicio social, como lo estipula el tercer artículo de su Estatuto General [9]. De modo que la Universidad pública debe fungir como una herramienta que permita la movilidad social y que genere una mayor igualdad de condiciones económicas y sociales entre sus egresados.

Cómo bien se sabe la Universidad Nacional Autónoma de México es un organismo descentralizado del Estado que anualmente recibe una transferencia económica (de alta cuantía) para poder desarrollar la pluralidad de funciones que tiene, es también conocido que la diferencia entre la parte del presupuesto anual que proviene de los impuestos que día a día pagan millones de mexicanos y la que llega de los ingresos que la propia UNAM produce es abismal. Lo que quiere decir que existe un “subsidio” para los estudios de cada alumno de esa institución. Si una de las razones por las cuales se lleva a cabo ese financiamiento gubernamental es generar una redistribución en la riqueza que produzca  mejoras en la igualdad social, es completamente razonable preguntarse si dicho subsidio tiene efectos progresivos, es decir, si el gasto que el Estado destina a la UNAM favorece de mayor manera a los que menos solidez económica tienen.

El grueso de las personas que logran ser aceptadas en el concurso de selección no son los grupos más necesitados económicamente y el formato del examen incentiva a que eso suceda, creando así un gasto regresivo en aquellos estudiantes que consiguen un lugar por esta vía; la explicación que diversos especialistas han dado a este fenómeno puede resultar lógica y comprensible: el circuito escolar de educación básica no está teniendo mayor injerencia en el cumulo de conocimientos que puede adquirir el alumno, lo que hace que el capital cultural y económico de las familias marque la diferencia entre unos y otros; de manera que aquellas familias que tengan suficiente capacidad económica y cultural, que les permita zafarse de la educación básica como única fuente de acceso al conocimiento, tienen mayor facilidad de destacar en un examen como el que aplica la UNAM en su concurso de selección.

Cabe decir que existe una idea generalizada donde se cree que más del 90% de los estudiantes de licenciatura llegan gracias al pase reglamentado, esa idea es falsa, como se puede apreciar en la siguiente tabla:

Tabla 4

Por otro lado, el diseño de la prueba busca que sea imposible obtener todos los aciertos, técnicamente desde su construcción se elaboran preguntas que en una prueba anterior hayan sido contestadas correctamente por una minoría e incorrectamente por una mayoría sin llegar a la totalidad. [10]

El examen de admisión de la UNAM está diseñado para que escasos estudiantes logren altas calificaciones y esto se debe simple y sencillamente a que los espacios que ofrece son escasos.

Tabla 5

Debido a que este examen por diseño excluye a aquellas personas que tienen menor nivel de capacidad para resolver grados de dificultad y esto se asocia a las condiciones sociales y culturales en las que los estudiantes se desarrollan, podemos decir que nuevamente la desigualdad económica y social del país, tienen un impacto directo en los beneficiarios de esta forma de admisión.

El futuro del gran número de aspirantes no seleccionados sigue rumbos distintos: un pequeño grupo logra ser admitido en otras instituciones públicas, otros tantos abandonan los estudios y se enfocan en el trabajo, pero un grupo considerable encuentra en el mercado de la educación privada un pupitre. [11]

¿Por qué si año con año el número de “rechazados” del examen de la UNAM es mayor, la matricula de universidades como el Tec. de Monterrey, el ITAM, la Ibero o La Salle no aumenta considerablemente?, la respuesta es evidente, bajo la premisa de que los grupos con menores ingresos económicos son los que están siendo rechazados, los precios de las Universidades privadas de prestigio resultan impagables, por lo que esas decenas de miles de personas que no encuentran lugar en las universidades públicas y que no pueden pagar las privadas mencionadas, se están matriculando en pequeñas universidades que pueden ser fácilmente reconocidas en un trayecto sobre Avenida Insurgentes o Calzada de Tlalpan.

Las famosas “universidades patito” están siendo el espacio de estudio de las personas con menor poder económico, donde la educación superior está jugando un papel de servicio costoso para esas familias y con un futuro incierto en temas de igualdad social.

¿Puede la UNAM reestructurar el diseño del examen para evitar las situaciones mencionadas?, no lo sé, habrá que escuchar las voces de los especialistas en la materia, pero para ello se tiene que entablar un debate que se ha reservado por lo menos en los últimos 25 años.

Sería estúpido y reduccionista pensar que el problema es sólo de la UNAM, el problema es del país, un problema muy complejo que involucra al sistema educativo en su conjunto y que necesita del auxilio de políticas económicas y sociales.

Si pensamos que de cada 100 niños mexicanos sólo 46 llegan al bachillerato, donde se encuentran con otro gran colador que le imposibilita a más de la mitad el egresao [12], el tema que en estas líneas nos compete es un simple puño de arena en un desierto sumamente problemático. Sin embargo creo que  la apertura a la discusión de nuevos métodos para el examen de selección (que garanticen un piso más parejo para que cualquiera pueda tener condiciones de demostrar su capacidad académica) y sobre posibles modificaciones a la estructura del pase reglamentado, puede ser un nuevo grano de arena que la UNAM aporte para mejorar la situación de la educación en México.

Por último me gustaría recordar que otro de los principales problemas de la UNAM es el egreso de sus estudiantes y no sólo el ingreso, pero para hablar de ello será en otras páginas.

 

Pablo Berthely Araiza.

Estudiante de Derecho en la UNAM. @pberthely

_____________________

 

Referencias y notas:

(1) Sin distinguir entre bachillerato, licenciatura y posgrado. Datos obtenidos en http://www.estadistica.unam.mx/numeralia/

(2) En el 75 aniversario de la autonomía universitaria, la Gaceta de la UNAM publicó un texto titulado “1966: distancia con el gobierno y crisis estudiantil” que reseña muy bien los acontecimientos.

http://www.dgcs.unam.mx/gacetaweb/suplementos/75aniversario/pdf/75_17.pdf

(3) Las reformas de 1986 se basaron en el famoso documento titulado “Fortalezas y debilidades de la Universidad Nacional” elaborado por el Dr. Jorge Carpizo en su calidad de Rector.

La reforma al reglamento de inscripciones se puede consultar aquí http://info4.juridicas.unam.mx/unijus/cmp/leguniv/230.pdf

(4) Transcripción textual de un párrafo de dicho documento: “criterios de ingreso y permanencia deben ser estrictamente académicos y regirse por el principio de equidad académica; debe ofrecer sus servicios educativos sin distinción de condición económica o social a cualquier estudiante de la República Mexicana que cumpla con los requisitos y procedimientos establecidos por la propia Institución”

(5) Cabe decir que la regulación de ingreso al Posgrado de la UNAM no está en el Reglamento General de Inscripciones, sino en el “Reglamento General de Estudios de Posgrado.

https://www.dgae.unam.mx/normativ/legislacion/regesp95.html

(6) El CGH utilizó datos oficiales de la UNAM de 1997.

(7) Folleto que se entrega a estudiantes de bachillerato UNAM: “¿Qué con el pase reglamentado?

https://www.dgae.unam.mx/pdfs/pasereglamentado09prepa.pdf

(8) El ejemplo puede ser utilizado con cualquier carrera y resulta lo mismo.

El problema de la falta de conocimiento matemático viene desde mucho antes del nivel medio superior como lo demuestra la última prueba ENLACE.

(9) Estatuto General de la Universidad Nacional Autónoma de México.

https://www.dgae.unam.mx/normativ/legislacion/estageun/egUNAM.html

(10) Técnicamente se conocen como exámenes discriminatorios. Sin embargo la metodología para la elaboración de este examen en particular no es información de fácil acceso.

(11) No se menciona el enorme y multi-estudiado problema de los mal llamados “ninis”.

(12) Datos obtenidos del documento “Metas, estado de la educación en México” de la organización mexicanos primero, que basa sus cifras en documentos de la DGPP, SEP.

16 comentarios a “UNAM: ¿reprobados?, mejor a debate”


  1. G Martinez

    Excelente panorama de los no seleccionados en la UNAM. Hacen falta los mismos datos para la educación pública: IPN, UAM, Universidad de la Ciudad de México.
    Y completar con la numeralia de egreso, para tener un panorama del costo – inversión – formación a cargo del Estado. Además de citar las zonas de formación: son pocos los físicos y muchos los abogados. Esto quizá nos diga porqué la educación superior provee de taxistas. También será interesante conocer si la formación superior está lo suficientemente “modernizada” o bien se siguen cánones del pleistoceno.

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  2. Mercedes

    Muy buena publicación, me da gusto que sea de un estudiante de la UNAM. Agregó el dato: en la segunda vuelta del examen del 2012, se pidieron 111 aciertos para la carrera de medicina, lo que implica no equivocarse más de nueve veces en 120 preguntas.

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  3. Alejandro Aguirre Ch

    Una visión muy particular que solo analiza la cutícula del problema que el desmantelamiento de las Universidades Públicas está probocando: el rechazo de mas del 90% de los solicitantes de una Institución de Educación Superior Pública.
    Ya se dió una muestra de la solución de fondo: la creación de mas espacios. CCH Y ENEP fueron la muestra.

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  4. Majito

    El problema yace, como siempre, en la base de la educación. Mientras no se equilibre la distribución del conocimiento, por así decirlo, el proceso para que los aspirantes, tanto de bachillerato de la UNAM como de otras sedes (privadas, por ejemplo), seguirá siendo irregular, injusto, casi casi desgarrador. Siempre he dicho que en vez de garantizar el pase directo por x o y razones, deberían suprimirse los bachilleratos de la unam y concentrarse en crear mejores instituciones, mejor educación. Así, todos podrían pasar un filtro en común: un examen que, en mi opinión, siempre ha sido lo más justo.
    Excelente artículo. Concuerdo con lo que dices acerca de las matemáticas.

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  5. Hadassa

    Me parece muy bien documentado tu artículo, con una opinión muy interesante.. Sin embargo, creo valdria tener en cuenta estas
    consideraciones:
    1. Los alumnos del bachillerato de la UNAM nos presentamos a un examen de selección con características semejantes a este examen. Es decir bajo presión, con sólo 3 horas, y para poder obtener uno de los planteles de mayor demanda necesitabas mínimo (este año) 105 aciertos.
    2. Cabe mencionar como tu lo dices, que es un pase REGLAMENTADO, es decir, se tienen que cumplir ciertas condiciones para ser acreedor a el. Además, el tener pase reglamentado no te garantiza el ingresar a la carrera de tu preferencia. Si deseas medicina en el campus de CU, con un promedio inferior a 8.8 Pase Reglamentado o no, simplemente no entras. Así que el Pase Reglamentado no es tan fácil como lo planteas.
    3. Estoy de acuerdo en que no es el método más justo para la selección de alumnos. Sin embargo, considera que el presupuesto es poco en esta Universidad, es una universidad donde el costo por una licenciatura es menor a 3 pesos. 3 pesos por acceso completo a excelentes instalaciones, los años requeridos para acabar tu carrera, etc. Agregando además los constantes esfuerzos del gobierno por destruirla, creo que todos sabemos que este gobierno quiere un país de maquileros, no gente pensante que se de cuenta que día a día se violentan sus derechos.
    4. De la mano con el punto anterior, quizá sería mejor, en lugar de presionar a la UNAM para admita más estudiantes o sea más justa, presionar al gobierno que de educación de calidad, problema que se encuentra desde los niveles más básicos de educación. Exigir que el gobierno cree alternativas para la educación superior y mejor calidad en las instituciones públicas de educación media superior.
    Gracias
    Estudiante de Ingeniería Mecanica en la Facultad de Ingeniería de la UNAM

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  6. Josué

    Se te olvida que todos los estudiantes de la UNAM a nivel medio superior (CCH y ENP) ya pasaron por un exámen de 3 horas bajo presión. Y como ejemplo pondré la ENP 6 que pidió 109 aciertos el año pasado, siendo la que más aciertos pide y la más demandada; no podemos dejar sin lugar a los alumnos que cursan los 3 años allí con un buen promedio.

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  7. Josué

    Lo que si es injusto en el “pase directo” es que pidan el mismo promedio a los estudiantes de CCH y las Preparatorias. No podemos comparar el grado de dificultad de cualquier prepa con el de un CCH y al final a todos les pidan 8.5 para Relaciones internacionales cuando 8.5 en CCH es una calificación baja o normal; un 8.5 en cualquier prepa representa tres años de dedicación y mucho màs esfuerzo que el que demanda un CCH

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  8. Daira

    Me parece bastante interesante lo que publicas, pero me parece que en todo el artículo haces parecer que la UNAM es la culpable, sólo hasta el final aclaras que el problema viene desde antes. En verdad podría la UNAM aceptar a más estudiantes bajando lo que pide en el examen de selección o siendo más exigentes en el pase reglamentado? Cómo garantizaría el egreso de todos ellos que entren si con todas las cosas que ahora pide hay un número considerable de deserción?

    No es por ser cruel, pero no creo que esto pueda solucionarse casi por completo, recuerda que los países también necesitan trabajadores que hagan el trabajo sucio, no todos profesionistas sin éxito, que sería como un despilfarro de inversión. Quiero aclarar que al decir esto no quiero que se entienda que no todos tienen derecho a estudiar, pero que una cantidad de personas realmente no quieren hacerlo, y mientras más fácil fuera, menos lo valorarían.

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    • Daira

      Y si la educación previa fuera de suficiente calidad, no sería gran problema ser gran competencia para entrar… Pero concuerdo contigo en que debería haber otra manera que no mida tu aprendizaje ni conocimientos con números, cuando otros factores pueden hacerte “subirlos” o “bajarlos”.

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  9. Denisse

    Presenté el examen en junio y en la información que proporciona la página de la UNAM, para la carrera que escogí (Ciencias de la Computación) pedían 95 aciertos y para la que pidió mi hermana (Filosofía) 91, pero el día que checamos el resultado, en el mío decía que se requerían 105 aciertos y para la de mi hermana 103…

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  10. Bertha Hernández

    Muy interesante ejercicio, que,me parece, se queda trunco. Demostrada la “injusticia” -problema ético y social- del examen de selección para ingresar a la UNAM, la pregunta es, si el examen no funciona como mecanismo de ingreso, ¿con qué lo sustituimos? ¿acaso subyace en este texto -muy bien hecho, hay que decirlo- la idea de que “todos” los que quieran, ingresen? ¿y luego qué hacemos? ¿dar clase a grupos de 100 0 150 con los malos resultados pedagógicos que ello implica? ¿aguanta el presupuesto universitario la contratación de más profesores? ¿es viable en un sistema donde el concurso de plazas de profesores de tiempo completo, en muchas facultades, se abre solamente cuando se muere el anterior titular?
    Por otro lado, paradoja: esos estudiantes “no seleccionados” que terminan en las “universidades patito” acaban desembolsando mucho más -aunque no sean las colegiaturas del TEC o la UIA- que los 200 pesos que hoy paga anualmente un alumno de licenciatura de la UNAM. Es, en principio, una clase media baja que puede pagar un poco… pero no tanto como para llegar a las universidades caras; porque de trata, en el fondo, de que los hijos vayan a la universidad; a UNA universidad. Sea la UNAM, el ITAM o la Universidad Londres (háganme favor), porque todas son sujeto de una percepción social: las universidades son un factor de movilidad social, asunto, a estas alturas, bastante dudoso. Ojalá nada más fuera un problema de injusticia.

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  11. Raúl Narayanam Rodríguez Medina

    La disputa pase reglamentado versus examen de admisión supone una discusión verdaderamente intrincada. En mi opinión, el pase REGLAMENTADO (la connotación de éste se trastoca si se habla de “pase directo/automático”) salvaguarda no sólo el mérito académico de la comunidad universitaria sino un proyecto de vida tácito emprendido al ingresar al Bachillerato UNAM. Ciertamente la reglamentación universitaria es condescendiente (e inclusive laxa) pero, por otro lado, si la Universidad no procura condiciones favorables para con la comunidad evidentemente el Estado hará caso omiso y probablemente ejercerá un papel pernicioso. La UNAM no procura únicamente instrucción sino que, de manera periférica, auspicia una formación idiosincrática y, en esa medida, truncar esta última merma el proceso educativo iniciado con el ingreso al nivel Medio Superior. Supongo que pugnar (en conjunción, seleccionados y no seleccionados) a favor de políticas públicas sensibles a la creciente demanda en aras de cursar estudios universitarios representa una alternativa más fructífera. En última instancia, seleccionados y no seleccionados, comparten puntos de vista en relación con el derecho genérico a cursar una carrera universitaria.

    (Por cierto, me molesta que el articulista exprese un punto de vista parcial y, por ende, tendencioso).

    Responder

  12. Daniel Garcia

    Me parece que tienes razón en algunos de los puntos que tocas, sin embargo, hay algunos aspectos de tu publicación con los que no concuerdo.

    1.- Las fuentes de las que obtienes los argumentos que presentas como “a favor” del pase reglamentado no necesariamente son las más adecuadas, lo que hace que no se aprecie la lógica detrás de esta estrategia administrativa.

    En sus conversaciones con Gastón García Cantú, el ex Rector Javier Barros Sierra explica que, si bien la solicitud del pase reglamentado por parte de los estudiantes de derecho bajo el rectorado de Ignacio Chávez tenía la dimensión práctica que tú dejas ver; la lógica del pase reglamentado radica en que, las diversas carreras que imparte la UNAM requieren, en mayor o menor medida, de que los estudiantes que ingresan sean capaces de desplegar ciertas habilidades. Al contar con programas de bachillerato, la misma UNAM se puede asegurar de que los estudiantes que terminan satisfactoriamente los cursos cumplen con el perfil de entrada requerido para cualquier carrera relacionada con su área. Por otro lado, existen numerosos estudiantes que provienen de bachilleratos con sistemas educativos distintos a los provistos por la UNAM, por lo que, la única manera de asegurarse de que dichos estudiantes poseen las habilidades es alguna especie de evaluación inicial, que, actualmente, toma la forma de examen general de conocimientos.

    2.- Por una parte, dejas ver que el pase reglamentado es una condición que le cierra las puertas a una gran cantidad de aspirantes a la universidad; pero después, cuando criticas el examen de admisión dejas ver que EN TÉRMINOS RELATIVOS, un buen porcentaje de los estudiantes entran por esta via (alrededor del 30%), me parece que esta situación podría llevarte a contradecirte.

    3.- De acuerdo con tu escrito, disponer de 3 años para satisfacer un determinado criterio constituye una ventaja con respecto a disponer de 3 horas para hacerlo. Yo no comparto esta opinión, pues siguiendo la estructura de tu razonamiento, con la misma facilidad se podría afirmar que los estudiantes de bachillerato de la UNAM deben mantener un esfuerzo continuado durante tres largos años, en los que deben ser cuidadosos y no ser víctimas de las múltiples condiciones que pueden promover que reprueben, fallen, o abandonen sus estudios, y su recompensa es la misma que un aspirante que LO ÚNICO QUE TIENE QUE HACER es resolver en tres horas, un pequeño examen, evidentemente entonces los que aspiran a obtener pase reglamentado están en desventaja.

    Es importante notar que no pienso así, simplemente es un ejemplo para ilustrar cómo es que resulta sumamente sencillo utilizar las diferencias entre los tiempos disponibles para unos y otros en una dirección completamente opuesta a la que tú tomas. En realidad yo creo que ambas condiciones implican ventajas y desventajas, y cuál resulte más sencillo no depende de las condiciones mismas, sino de los hábitos de estudio, condiciones económicas, etcétera, de cada estudiante particular.

    Concuerdo contigo en que tanto el examen de ingreso como el pase reglamentado implican problemáticas, sin embargo, honestamente no puedo imaginar estrategias más eficaces y justas EN UN PAÍS COMO ÉSTE (pues recordemos que los estudiantes de bachilleratos de la UNAM entran vía un examen similar). En este contexto utilizo el término “justas” únicamente para referirme a que los mecanismos de ingreso, en sí mismos, no promuevan sesgos económicos o sociales. Las desigualdades se crean no porque se tenga que hacer un examen, sino porque, ante la situación actual, existen centros (que cobran) para preparar gente para estos exámenes, pero me parece que sobre eso la UNAM poco puede hacer.

    Un último comentario, no estoy de acuerdo con llamar “de alta cuantía” al presupuesto de la UNAM proveniente del gobierno. Por supuesto que 31 mil millones de pesos suena a mucho dinero, pero cuando lo cotextualizas, por un lado, con las diversas partidas de otros programas gubernamentales, y por el otro, con el porcentaje del PIB que eso representa y el porcentaje del PIB destinado a educación de otros países (no necesariamente más ricos que éste) te das cuenta de que en realidad es muy poco. Este comentario lo hago con la plena consicencia de que presupuesto de la UNAM no es igual a presupuesto de educación en el país, sin embargo, el primero es componente del segundo, e incluso el segundo es muy bajo.

    Saludos Cordiales

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  13. Ioannes Cervus

    Ampliar, modificar o eliminar el examen de selección a LICENCIATURA de la UNAM y cuestionar el “pase directo o automático” con el arumento de garantizar acceso a la UNAM a los menos favoricidos, me parece tramposo, explico. La mayoría de los chicos que ingresan al sistema de bachillerato de la UNAM somos personas de ingresos bajos a medios, que vivimos en la periferia o en sectores populares de la ciudad de México y que simplemente no nos alcanza para inscribirnos en una prepa “NICE”. El pase reglamentado SIRVE para garantizar que nosostrso los menos favorecidos, los que tenemos que trabajar para pagar nuestrso estudios, los llegamso en camión y metro, los que hacemos más de dos horas de camino a la escuela podamos acceder a la Universidad, eliminar este mecanismo significa ampliar la oferta para niños y niñas bien que quieren ingresar a la UNAM pero no a su bachillerato, es más deberian darle preferencia en la primera ronda a los compas de los estados!! con esto quiero abonar el debate!!

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  14. Candy

    aunque nunca le había prestado singular atención, ahora que me encuentro en la situación, igual, estoy de acuerdo con la página, pues sería algo mas equitativo que ambos grupos de alumnos (tanto externos como incorporados) tomaran un mismo examen para el ingreso a la licenciatura, pues aunque piden un mínimo (exagerado) de aciertos para una licenciatura de alta demanda, habría que ver si los alumnos mismo de la institución están en el mismo nivel academico como para pasar los mas de cien aciertos y aparte con el mínimo de 7 en nivel medio. No sé, aun así creo que sería un problema tratar de que los alumnos más que las autoridades, quieran llegar a una reforma como ésta ya que saben que sería mas bien perjudicial para un porcentaje de estos alumnos con pase directo.

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  15. Antony Estrada

    Me agrado bastante la crítica… tengo 19 años y llevo 3 intentos para entrar a un CCH este año me he resignado y acabaré una carrera de enfermería, intentaré llegar al nivel superior por el otro lado para poder así estudiar medicina pero como lo veo me resultara difícil, admito que quizá perdí bastante tiempo en tratar de entrar por la prueba Enlace y con estos datos seguramente acabaré en una “patito” pero en fin, con un sistema así es mejor ser lo que puedes y no lo que quieres…

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