enero 22, 2014

Sistema político y emprendimiento

Álvaro Eduardo Rodríguez Pacheco e Irvin Emmanuel Solís Zúñiga
emprendimiento

 

El emprendedor actual enfrenta cada día nuevos retos. Su capacidad de crear e innovar lo obliga a estar en constante movimiento sin tener tiempo para detenerse. Por esta razón, en muchas ocasiones ve como obstáculo principal al Estado, ya que al recaudar impuestos hace más costoso llevar a cabo un proyecto; aunado a esto, la regulación del mercado por parte del gobierno, puede llevar al gran empresario a no crecer al ritmo y dimensiones que quisiera.

Sin embargo, ¿es en realidad este ente un obstáculo para el emprendimiento o el Estado puede beneficiar al emprendedor? La respuesta depende del tipo de sistema político. Por un lado, bajo un modelo totalitario, como el de la Unión Soviética del siglo XX, queda excluida la niciativa privada y todo se basa en función del Estado. En este caso es evidente que dicho ente es obstáculo para el emprendimiento; en contraparte, en un sistema democrático y plural hayamos la participación de individuos en diferentes medidas. Por lo tanto, es este último el que nos interesa.

La democracia es el mecanismo institucional en que un grupo de individuos buscan el poder de manera equitativa mediante el voto sin que el Estado conozca al ganador de manera premeditada; mientras que el pluralismo permite la entrada sin limitaciones de diferentes competidores. La democracia pluralista no solo se ve reflejada en la vida política de un país, sino también en la vida empresarial. Hoy en día, con la apertura del sistema, se permitirá la entrada y renovación de líderes políticos siempre y cuando éstos brinden resultados eficientes y efectivos, todo bajo un estricto apego constitucional.

Esto, con el paso del tiempo, ha creado una creciente educación cívica entre los ciudadanos. Trasladar este pensamiento a la cultura emprendedora resulta sencillo ya que permite que nuevos competidores entren al juego del mercado; tanto en el campo político como en el empresarial, el Estado dicta las normas y es árbitro, trata evitar que existan monopolios privados que suelen ser depredadores de los nuevos emprendedores al evitar la competencia.

El sistema tributario que se desarrolla en cada país suele ser una piedra en el zapato para las personas. Algunos creen que el pago de impuestos es un robo legal, pero es el pago a diferentes servicios que ofrece el Estado. Como se explicó anteriormente, debido a que el Estado es árbitro entre competidores, tiene que cobrar por este servicio aunque no se haya solicitado (i.e. en una contienda de futbol dos equipos se enfrentan por el campeonato, pero no hay árbitro y ninguno de los dos equipos lo solicita: ¿qué asegura a cualquiera de los dos o a los aficionados que un equipo no hará trampa?). Este dinero recaudado se dirige a diferentes ramas: infraestructura, programas de asistencia social, administración pública o incluso al mismo sector empresarial, la existencia de subsidios en ciertas materias o el apoyo a nuevos competidores para desarrollar sus ideas –en pro de la eficiencia y efectividad–, directa o indirectamente, benefician a este sector.

En este punto podemos afirmar que el Estado no es obstáculo para el emprendedor ya que éste se beneficia de diferentes maneras de él. Si bien el Estado es una construcción ideal de lo que debería ser, que actúa de manera justa e imparcial, es el gobierno (el partido o individuo en el poder) el que no se dirige como se espera y trata de quedar impune. Entonces, si es él quien nos regula: ¿quién vigila al gobierno? La democracia no sólo ha traído una mayor libertad individual, sino mayor competitividad al permitir elegir libremente qué, cuándo y a quién queremos. En esta relación gobierno-emprendedor, los dos deben vigilarse constantemente e intervenir para corregir errores: el primero mediante las normas establecidas procurando efectividad en sus políticas y el segundo mediante el sufragio.

En esta relación simbiótica se crea una educación cívica: el emprendedor sabe que debe conducirse de acuerdo a las normas establecidas por los legisladores que eligieron al momento de ejercer su voto y el gobierno debe ser consciente que puede ser castigado mediante el voto si no trabaja como se espera. Por lo tanto, no debe verse al Estado como un enemigo para la creación, innovación o desarrollo, sino como un aliado poderoso que no se le debe consentir ningún abuso, pues su labor es importante para el crecimiento y competitividad del país. El emprendedor no puede deslindarse de la política; puede no querer debatir sobre ella, pero está rodeado por ella ya que su relación es fundamental para el buen funcionamiento de la democracia pluralista.

Álvaro Eduardo Rodríguez Pacheco es estudiante de Política y Administración Pública en El Colegio de México

Irvin Emmanuel Solís Zúñiga es estudiante de Relaciones Internacionales en El Colegio de México

 

 

 

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