enero 5, 2014

¿Filosofía para qué?

Fernando Bustos Gorozpe
David. La muerte de Sócrates

“Los filósofos no han hecho más que interpretar
de diversos modos el mundo,
pero de lo que se trata es de transformarlo”
Karl Marx

  Hace pocos días aparecieron dos notas en circulación que abordan, a la vez que exhiben, algunos de los problemas que aquejan a la filosofía en la actualidad, una de éstas fue escrita por Manuel Pérez Rocha y apareció en La Jornada bajo el título “Prometedor activismo filosófico, y exponía  el cómo hacer frente a las propuestas de la SEP con relación a la desaparición de las humanidades de los planes educativos en la educación media superior, esto desde un activismo emprendido por el Observatorio Filosófico Mexicano. La otra apareció en el suplemento educativo del diario Milenio, Campus Mileno, con el título “Días de facultad y es una reflexión por parte del académico e investigador Luis Muñoz Oliveira, donde a partir de la visita de Martha Nussbaum a la Universidad Iberoamericana, cuestiona y propone buscar un trabajo interinstitucional entre distintas universidades del país, en el cual se den a la tarea de invitar a los pensadores más relevantes de la actualidad, no sólo para dar alguna plática sino para entablar un diálogo con pensadores nacionales.

Los dos textos, que se presentaron a una semana del día mundial de la filosofía, son interesantes y merecen atención, pues es cierto que, desde hace ya unos años,  la actividad filosófica en México, atraviesa atolladeros de los cuáles no está saliendo bien librada, y estos artículos sirven para replantear y dialogar sobre el papel de ésta en la actualidad.

Sin duda, la propuesta de Luis Muñoz Oliveira, es fresca, necesaria y debería de tomarse seriamente en cuenta. A diferencia de otros países, en México, la filosofía al igual que otras materias de las humanidades en los planes educativos, están desde hace años a punto de irse al precipicio. Esto no sólo es cuestión de un modelo que apunta hacia la tecnificación (y que es un tema importante de debatir) del estudiante y trabajador, sino que en buena medida tiene que ver con que mucha gente cree no encontrar relevancia práctica con su estudio. Puede gustar o no pero es una realidad, los jóvenes estudiantes de preparatoria, continuamente relacionan la filosofía con algo aburrido, “viajado” o viejo, y esta percepción se va trasladando a la vida adulta. La filosofía no se ha quitado ciertas telarañas y sigue ostentando un saber teórico que aunque llama la atención de varios, pocos se deciden a estudiarla, pues como es común decir en el país: de eso no se vive; un viejo tabú que es importante derribar.

La razón de esto, no estriba sólo en que, entre los profesores que imparten la materia en educación media superior, haya quien no sea filósofo de profesión, esto viene de más atrás o de más arriba. Precisamente es el filósofo de profesión el que no ha cambiado para llevar la teoría a la praxis y volverla significativa. Cuando Muñoz Oliveira propone traer, entre distintas universidades, a luminarias de la filosofía contemporánea al país para dialogar, es un acierto, pero esto debería de ir más allá, pues ya se ha invitado a grandes figuras y no ha pasado de que brinden una charla. Lo esencial es ¿Cómo hacer llegar la filosofía a la gente fuera de la academia? La filosofía en México se limita a la esfera académica, lo cual la orilla a permanecer cerrada. En EEUU (por citar un ejemplo) se ve a filósofos aparecer en shows televisivos, películas, documentales, dando discursos en el Occupy Wall Street, escribir en diarios de circulación nacional y más. En México, sólo se les encuentra en la academia y en revistas indexadas. El filósofo sigue siendo ese ente extraño que habita en el Topus Uranus. No ha salido a discutir con la gente, a apoyar movimientos, a platicar lo que sucede actualmente en distintas esferas y por eso se continúa sin saber cuál es su aporte a la sociedad. Y, por ende, cuáles son los beneficios de estudiarla dentro de un sistema que apunta, cada vez más, a procurar una economía global.

Hay un posicionamiento egocéntrico de la profesión que debe cambiarse. La concepción que se tiene acerca de publicar en medios de comunicación convencionales (radio, diarios, revistas formales pero no arbitradas) como algo que decrece el análisis teórico, debe replantearse. En México no se está debatiendo a la altura de otros países. La academia se ha burocratizado en exceso. Todo es congresos, seminarios, publicaciones indexadas y articuladas que, aunque útiles, han significado un reduccionismo del saber. El diálogo es siempre con los mismos participantes y en los mismos escenarios, ¿Por qué la academia y el SNI le siguen dando tanto peso a las publicaciones indexadas y desdeñan las de cualquier otro tipo? Se supondría que como sociedad perfectible lo que se busca es que ésta sea (seamos) más culta, más informada, pero nuestra acciones son exclusivas. Escribir en un medio serio de circulación nacional sin importar si la línea es de derecha, izquierda o lo que sea (Nexos, Letras Libres, La Tempestad, Mileno, Proceso, La Jornada y otras) es una oportunidad valiosa para abrir el debate por la cantidad de lectores a la que se puede llegar. Cierto es que no existen los mismos filtros que suponen las revistas de corte científico pero el que exista un comité internacional laureado dictaminador tampoco garantiza la proeza. Basta mencionar el affaire Sokal. No existe razón para hacer de menos a los medios de comunicación convencionales, y hay que precisar, las publicaciones arbitradas son fundamentales para el quehacer del investigador pero también debería ser necesario buscar la divulgación y abrir la discusión.

La pregunta ahora es: ¿Cómo ganar terreno y para qué? Se necesita, desde la filosofía y otros saberes críticos, ganar terreno porque es necesario. El filósofo se está perdiendo discusiones vitales que muchos pensadores hubiesen querido librar. Hoy en día, la filosofía es más necesaria de lo que lo ha sido en muchos años. La tecnología nos ha afrontado a problemas que antes eran una mera cuestión de supuesto, hoy en día es posible la clonación, la alteración genética, modificar alimentos, desproveer a la cosa de su negatividad para poder gozar sin “restricción” (café sin cafeína, carne sin grasa, cerveza sin alcohol), producir huevos para consumo que no vengan de una gallina, ganado que nunca estuvo vivo para comer su carne. El internet ha cambiado la forma de relacionarse, hay gente que pasa horas frente a un ordenador, frente a un videojuego, la realidad virtual cada vez parece más real, el cine ya no sólo es en 3D sino también en 4dx. La biología juega hoy un papel similar al de la religión como reguladora de acciones, vivimos en tiempos de la buena onda, new age, donde la gente rehúye el pensamiento crítico a la vez que publica en las redes sociales notas con títulos como “5 cosas que la gente exitosa hace antes de las 8 de la mañana”, practica yoga, reiki, usa bicicleta y tecnología Apple. Algunos artistas apuntan hacia el arte como una experiencia desgarradora a través del perfomance. La democracia cada vez parece más una dictadura y la cultura se ha reducido a un show. Ahora bajo el plan de las competencias, el maestro debe dar un espectáculo antes que una clase. Es así que, más que nunca, hoy la filosofía es importantísima, y no es que se pueda reducir a problematizar los hechos que recién se mencionan, y tampoco son los únicos. Pero la realidad es que –como se dijo anteriormente- el filósofo y la academia (ese mundo repleto de doctores sapientísimos) se están perdiendo el debate, y el simple hecho de no ser partícipes, es ya una batalla perdida.

Una crítica que se ha matizado es que los medios de comunicación más importantes han encumbrado y vuelto intelectuales a personajes con una ideología similar a sus intereses, pero también es cierto que los filósofos (entre otras muchas profesiones) no se han interesado por aparecer en una escena distinta a la academia, leemos casi siempre a literatos y comunicólogos, rara vez a filósofos, científicos e ingenieros vinculados a la vida académica. En las aulas se hacen muchas críticas pero éstas no salen de ahí, hay que reformular los campos de batalla. Ojalá que se pueda lograr un trabajo interinstitucional que avive el debate teórico en México y que las autoridades de la SEP atiendan la importancia y necesidad de las humanidades en la educación, pero ojalá también que el filósofo comience a entenderse diferente, que abra el diálogo y que se acerque a colegas de otras especialidades para lograr discusiones más enriquecedoras. Paradójico es que el único evento cultural sucedido en México en este 2013, que ha logrado llamar la atención internacional, haya sido el diálogo entre Richard Dawkins y Deepak Chopra, organizado por el ahora Cónsul General de México de San Francisco, Andrés Roemer, en su “festival” La Ciudad de las Ideas. Las universidades tampoco están librando las batallas que deberían y es más preocupante que el hecho de que la SEP quiera desaparecer las humanidades de los planes educativos, pues esto sitúa a las universidades en un lugar poco apetecible: como sus propias enemigas.

Mtro. en Filosofía. Profesor titular en la Universidad Anáhuac Campus Norte

Comenta esta entrada

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>