noviembre 11, 2013

Víctima

Victoria Núñez Navarro

Fernando Brito. Tus pasos se perdieron con el paisaje

Van estas líneas en forma de despedida  para una palabra que está desahuciada…

La palabra morirá en breve, sin asistencia y con mucho  dolor:   Víctima

A raíz de los constantes acontecimientos que involucran “equivocaciones”, “desapariciones” “encarcelamientos” “asesinatos”, mi convicción sobre los malos, los buenos y los regulares está sin brújula. Mi percepción sobre lo justo e injusto está empañada y la concepción sobre el respeto a los derechos humanos no puede  desprenderse de un entramado de inutilidad, impunidad y  decepción.

Me acompañan algunas cuestiones que, adormecidas por los  trajines cotidianos, se sienten como rocas que van ganando peso conforme pasa el tiempo. ¿Todas y todos los asesinados pertenecen a los cárteles? ¿Todos los desaparecidos son narcotraficantes, secuestradores, asesinos, violadores, desalmados pandilleros? Sin entrar en polémica sobre un innegable índice de delincuencia y el sinfín de culpabilidades, mi punto es: ¿Y los inocentes? ¿Acaso se entierran a los muertos con su inocencia como mortaja?

Vienen a mi mente los daños colaterales, ¿se pueden considerar aún así, dada la guerra  contra el crimen organizado y el ambiente que se gesta?

Quiero pensar solo que es el título de una película de acción y que no se trata de un  sustantivo; que no son nombres y apellidos bañados en sangre y que no hay herida ni muerte para seres humanos inocentes. Quiero pensar que no hay hijo, padre ni madre con el corazón desgarrado por los daños colaterales asesinados; quiero pensar que la tristeza (una tristeza es muy poco, deben ser muchas) es ocasionadas solo por las derrotas en fútbol o porque terminó la telenovela favorita.

Quiero olvidar y no seguir en la morbosa búsqueda, pero ni hablar, esto es más fuerte que yo. Debo saber quién desapareció de este mundo, no quiero números, quiero saber sus nombres, quiero conocer su vida y el para qué de su muerte, quiero saber quién se alimenta de su sangre,  quiero saber a quién no le importa, quiero saber cuándo entraron en nuestro escenario los macabros rompecabezas sin pies ni cabeza, las crueldades con distinto disfraz, la bala sin remitente, la  entrada a las luchas sin haber comprado boleto.

¿Para qué quiero respuestas? Dudo que alguien me responda.

Se levantan las voces para emitir juicios, pareciera que solo se reparten culpabilidades entre  las víctimas, levantemos la voz también para compartir inocencias y veremos de a cómo nos toca.

El daño colateral es el término para disfrazar la muerte de un inocente; hace algún tiempo el término tuvo ocho columnas de papel, así como tiempos caros de radio y televisión. Maldita sea mi suerte pues no lo olvido, maldita sea mi memoria si acaso lo olvido.

Docente de la Universidad de Sonora

Candidata a Doctora en Medio Ambiente y Desarrollo por el Centro de Investigaciones Oceanológicas. Universidad Autónoma de Baja California.

Comenta esta entrada

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>