noviembre 11, 2013

Fútbol y política pública

Santiago Álvarez Campero
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A mi papá

La selección mexicana de fútbol jugará el primer partido de repechaje contra Nueva Zelanda el próximo 13 de noviembre en el estadio Azteca. Como se sabe, México alcanzó su medio boleto al mundial gracias a una combinación de resultados –el gol de último minuto de Estados Unidos sobre Panamá–, no por mérito propio. El pésimo desempeño de la selección proviene de una deficiencia estructural en la que lo mercantil prevalece sobre lo deportivo.[1]

El fútbol mexicano profesional se encuentra completamente en manos de grandes empresarios, a través de la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut).  El mercado se encarga de crear a los clubes de fútbol, organizar los torneos locales y preparar a las selecciones nacionales. El Estado, a la inversa, no tiene prácticamente injerencia alguna, salvo acaso felicitar a los equipos que hayan tenido un buen resultado. La Ley General de Cultura Física y Deporte no hace una sola mención al fútbol –en ningún ámbito o categoría.  Si bien el fútbol no es gubernamental, no por eso deja de tratarse de un asunto público, pues es el deporte más popular en un país con alarmantes niveles de obesidad y en tanto existe un equipo que juega con los colores patrios tras cantar el himno nacional en espacios internacionales.

La Femexut está controlada por los grandes empresarios. De los 15 mexicanos que aparecieron en la lista de Forbes de 2013, cinco son propietarios de equipos en la Primera División y en la Liga de Ascenso. Carlos Slim es copropietario del Pachuca, León y Tecos; Emilio Azcárraga es dueño del América y del Necaxa; a Ricardo Salinas Pliego pertenece el Morelia y los Jaguares de Chiapas. Los dueños de clubes tienen asiento en la Asamblea de la Femexfut, máxima autoridad de ese organismo. Como muchos otros en México, el del fútbol es un mercado oligopólico que da pie a conflictos de interés y que, por eso mismo, está prohibido por la FIFA; además, se produce a una distribución desigual de la riqueza, situación que lleva a algunos equipos al borde de la crisis.[2] En el caso del beisbol, por ejemplo, un comisionado de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE) funge como árbitro en las disputas entre los empresarios beisboleros, además de mediar con las ligas para integrar las selecciones mexicanas que asisten a torneos internacionales.

El monopolio del mercado sobre el fútbol no es fenómeno exclusivamente mexicano, sino que proviene de la FIFA: una empresa privada transnacional.[3]  En el artículo 13 de sus estatutos se establece que las organizaciones miembro deben  “administrar sus asuntos de forma independiente y asegurarse de que no se produzca ninguna injerencia por parte de terceros en sus asuntos internos” (las cursivas son mías). La FIFA reclama para sí la soberanía absoluta sobre el fútbol mundial: “Los miembros se obligan a observar en todo momento los Estatutos, los reglamentos, las disposiciones y las decisiones de los órganos de la FIFA, así como las decisiones del Tribunal de Arbitraje Deportivo…”. Así, por ejemplo, cualquier disputa laboral entre un jugador y su club debe resolverse en la Femexfut en concordancia con las normas internacionales establecidas en Suiza. En materia de fútbol, el artículo 123 constitucional y su reglamentaria Ley Federal del Trabajo son letra muerta.

Ser expulsados de la FIFA supondría quedar fuera de sus torneos internacionales y de los enormes beneficios económicos –y también políticos– que traen consigo, por lo que legislar sobre selecciones nacionales no resulta una opción atractiva. No obstante, los poderes públicos podrían buscar algún espacio de autonomía y así incidir indirectamente sobre el destino del fútbol nacional.[4] Una primera alternativa sería establecer incentivos (fiscales, a saber) para que los clubes impulsen a sus fuerzas básicas y coloquen a más jugadores jóvenes en sus alineaciones. Otra opción sería establecer un instituto de fútbol bajo la dirección de la CONADE paralelo a la Femexfut. Más que enfrentarla, el nuevo instituto podría dedicarse –en cooperación con la SEP y otras dependencias de la administración pública federal y estatal– a dotar a las escuelas de infraestructura deportiva, organizar certámenes nacionales a nivel primaria y secundaria en rama varonil y femenil, y difundir la cultura del deporte, el fair-play y la igualdad de género. Así, esta organización pública podría ser muy útil en el combate a la obesidad y, también, en el desarrollo e identificación de jugadores talentosos. La política pública del fútbol –bien alineada a los fines públicos de educación, salud y no discriminación– sería recibida, imagino, con buen agrado por parte de las familias mexicanas y contribuiría a mejorar la imagen del gobierno y, más importante, del espacio público. Por lo demás, también podrían establecerse canales de comunicación informales entre el gobierno y la Femexfut o formales, como dar una plaza con derecho a voz y tal vez voto –no veto– a un comisionado de la CONADE dentro de la Asamblea de la Femexfut.

No será el plebiscito de todos los días que añoraba Renan, pero sin duda la selección nacional despierta sentimientos de cohesión e identificación con un ente llamado México y con quienes se dicen mexicanos; sirva el poco meritocrático pero incluyente “ganamos” como botón de muestra. Parte del éxito de los regímenes autoritarios, sostienen Guillermo O’Donnell y Philippe Schmitter, descansa sobre la despolitización y  atomización de sus sociedades: “La ciudadanía se convierte una cuestión de tener un pasaporte, obedecer leyes nacionales, echar porras el equipo del país y votar en elecciones o plebiscitos coreografiados”.[5] Hagamos del fútbol un asunto ciudadano y no lo dejemos a merced de los gigantes del mercado. Mejoremos el destino futbolístico de México a través de las instituciones públicas y no insistamos más en estrategias 4-4-2 con o sin Chicharito que nadie nunca escuchará. Entendamos que el mercado no es siempre más eficiente que Estado en resolver problemas públicos y que las soluciones dependen más de las estructuras que de los individuos (por más millones de dólares que se ofrezcan al Piojo Herrera si México clasifica al mundial). Comprendamos pues, como dice Sergio Aguayo, que los cambios en el fútbol se darán en la medida en que se organice la sociedad y vaya imponiendo las transformaciones porque, después de todo, el deporte es un simple espejo de la vida diaria.

Estudiante de Política y Administración Pública en El Colegio de México

@sacampero


 

[1] Sergio Aguayo, “Balón y pantalla”, Reforma, 23 de octubre de 2013.

 

[2] “Burillo se lanza contra la ‘mediocridad’ del futbol mexicano”, El Universal, 3 de octubre de 2011.

[3] Es interesante que la FIFA cuente con 209 países miembros, mientras que el Comité Olímpico Internacional tiene 204 y  la ONU está conformada por 193 Estados. Valdría la pena investigar las implicaciones que tiene formar parte de la FIFA sobre el reconocimiento de la soberanía externa de los países.

[4] “Alguna vez de otro tiempo, Luis Echeverría le metió a Gustavo Petriccioli como Comisionado del Futbol, el tiempo que las televisoras temblaban con el poder presidencial, lo que ocurrió fue un fracaso porque Petriccioli no jugaba, como Fallo Cuenca, ni a las canicas de chiquito” (Gilberto Haaz Diez, “Acertijos”, El Sol de Córdoba, 22 de octubre de 2013.

 

[5] Transitions from Authoritarian Rule. Tentative Conclusions about Uncertain Democracies, Baltimore, The John Hopkins University Press, 1986, p. 48. La traducción es mía.

 

 

5 comentarios a “Fútbol y política pública”


  1. ARQ. EFRAIN GUADARRAMA REYES

    Soy abuelo materno de MARIANA DESCHAMPS (tengo 78 años) y soy un fanático del futbol (y también del beisbol, ahora me encuentro en la Cd. de St. Louis Mo. (USA) y por fortuna fui invitado a ver un partido de la serie mundial), pero volviendo al asunto del futbol quiero pedirle si por este medio tuviera pudiéramos tener más comunicación y creo que podríamos complementar las opiniones.
    A T E N T A M E N T E.
    ARQ. EFRAIN GUADARRAMA REYES

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    • Santiago Álvarez Campero

      Muchas gracias por su comentario, señor. Me interesa mucho conocer sus opiniones sobre estos asuntos políticos y deportivos. Estaré atento a sus comentarios en esta página o, si prefiere, escríbame a salvarez@colmex.mx.

      Un saludo,

      Santiago Álvarez.

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  2. Mauricio Espejel

    Una fatídica doble moral.

    “Hago menos el futbol mexicano y a los que representan un seleccionado nacional,pero si podemos obtener una ganancia en beneficio de la sociedad, entonces ya no son tan malos los empresarios con sus nacionales y trasnacionales y les perdonamos todo”.

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  3. Oscar Ocampo

    “Entendamos que el mercado no es siempre más eficiente que Estado en resolver problemas públicos”. El fútbol no es un problema público. Bien dices que la FEMEXFUT es organismo privado, de ahí que el Estado no tenga, ni deba tener injerencia alguna en el fútbol. No te confundas, el fútbol es una industria de entretenimiento y nada más. El deporte no es un espejo de la vida diaria y el fútbol no es, ni tiene porque ser, un asunto político.

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    • Santiago Alvarez Campero

      Quiero que sea tratado en la Administración PÚBLICA en tanto ES asunto PÚBLICO (o muéstrame argumentación o evidencia de que no lo es; la mía puedes leerla más arriba).

      Por cierto, FEMEXFUT no es creación de Dios. No es natural ni sacrosanto. De hecho, todo mercado o sector privado deriva su existencia de un Estado que garantiza y regula sus derechos de propiedad: un asunto inminentemente POLÍTICO.

      Gracias por comentar.

      Saludos,

      SAC

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